Ni en mis mejores sueños imaginaba que podíamos ganar el clásico con un gol de tiro libre de Di María en el minuto 40 del segundo tiempo. Rompimos el clásico rosarino para siempre.
Se les cayó la bombacha. No hay otra explicación. Tuvieron miedo de ganarlo. Hoy se van a dormir tranquilos. No lo van a decir. Pero se les escapó una sonrisa de no tener que enfrentarse a Central.