@JMilei yo te avisé. Te avisé que te estaban cercando los traidores. Te avisé que venían por todos los que no estábamos dispuestos a ser cómplices de sus negocios. Te avisé desde el primer día de la primera trampa política que descubrí del clan Menem. Y vos sabías perfectamente que no habían llegado para defender una idea, sino para rodearte lentamente, como la humedad que sube por las paredes hasta pudrir la casa desde adentro. Pero estabas demasiado ocupado escuchando a los alcahuetes del régimen. A los vendedores de humo. A los parásitos de traje planchado que aprendieron a decir “libertad” con la misma facilidad con la que antes dijeron “revolución productiva”, “cambio” o cualquier consigna útil para seguir viviendo del Estado. Cuando te hablé de los Menem miraste para otro lado. Porque para enfrentarlos primero tenías que enfrentarte a tu hermana. Y ahí te tembló el pulso. Permitiste que desplazaran a la militancia genuina y hoy lo único que te queda es un sistema de obediencia, miedo y operaciones. Dejaste la conducción en manos de traidores. Te rodearon de los mismos cadáveres de la vieja política que se perfumaron de liberalismo para volver a entrar por la ventana. Y vos los dejaste pasar al grito de “tabula rasa”. Mientras los pibes defendían al gobierno como perros hambrientos bajo la lluvia, los chorros —a los que hoy incluso tenés que salir a respaldar públicamente— se la pasaban de banquete en banquete en los despachos VIP. Operaban en las sombras. Armaban listas negras. Atacaban a la militancia. Se burlaban de tus perros. Escupían sobre tu gabinete económico. Le serruchaban el piso a cualquiera que todavía creyera en algo más que un cargo. No construiste un gobierno: te montaron una feria americana. Ahora empieza a verse quiénes eran realmente los traidores. Y ahora ya es tarde para hacerse el sorprendido: ya sos parte.
Je veux présenter mes excuses, au nom des Français, pour avoir enfanté la French Theory (qui a enfanté la pire des merdes idéologiques : le wokisme).
Nous avons donné au monde Descartes, Pascal, Tocqueville. Et puis, dans les ruines intellectuelles de l'après-68, nous avons donné Foucault, Derrida, Deleuze. Trois hommes brillants qui ont fabriqué, dans l'élégance de notre langue, l'arme idéologique qui paralyse aujourd'hui l'Occident.
Il faut comprendre ce qu'ils ont fait. Foucault a enseigné que la vérité n'existe pas, qu'il n'y a que des rapports de pouvoir déguisés en savoir. Que la science, la raison, la justice, l'institution médicale, l'école, la prison, la sexualité, tout n'est qu'une mise en scène de la domination. Derrida a enseigné que les textes n'ont pas de sens stable, que tout signifiant glisse, que toute lecture est une trahison, que l'auteur est mort et que le lecteur règne. Deleuze a enseigné qu'il fallait préférer le rhizome à l'arbre, le nomade au sédentaire, le désir à la loi, le devenir à l'être, la différence à l'identité.
Pris isolément, ce sont des thèses discutables. Combinées, exportées, vulgarisées, elles forment un système. Et ce système est un poison.
Car voici ce qui s'est passé. Ces textes, illisibles en France, ont traversé l'Atlantique. Les départements de Yale, de Berkeley, de Columbia les ont absorbés dans les années 80. Ils y ont trouvé un terreau qui n'existait pas chez nous : le puritanisme américain, sa culpabilité raciale, son obsession identitaire. La French Theory s'est mariée à ce substrat, et l'enfant de ce mariage s'appelle le wokisme.
Judith Butler lit Foucault et invente le genre performatif. Edward Said lit Foucault et invente le post-colonialisme académique. Kimberlé Crenshaw hérite du cadre et invente l'intersectionnalité. À chaque étape, la matrice est française : il n'y a pas de vérité, il n'y a que du pouvoir, donc toute hiérarchie est suspecte, toute institution est oppressive, toute norme est violence, toute identité est construite donc négociable, toute majorité est coupable.
Voilà comment trois philosophes parisiens, qui n'ont probablement jamais imaginé leurs conséquences pratiques, ont fourni le logiciel d'exploitation à une génération entière d'activistes, de bureaucrates universitaires, de DRH, de journalistes, de législateurs. Voilà comment on a obtenu une civilisation qui ne sait plus dire si une femme est une femme, si sa propre histoire mérite d'être défendue, si le mérite existe, si la vérité se distingue de l'opinion.
C'est de la merde pour une raison simple, et il faut la dire calmement. Une civilisation se tient debout sur trois piliers : la croyance qu'il existe une vérité accessible à la raison, la croyance qu'il existe un bien distinct du mal, la croyance qu'il existe un héritage à transmettre. La French Theory a entrepris de dynamiter les trois. Pas par méchanceté. Par jeu intellectuel, par fascination du soupçon, par haine de la bourgeoisie qui les avait nourris. Mais le résultat est là. Une génération entière a appris à déconstruire et n'a jamais appris à construire. Une génération entière sait soupçonner et ne sait plus admirer. Une génération entière voit le pouvoir partout et la beauté nulle part.
Je m'excuse parce que nous, Français, avons une responsabilité particulière. C'est notre langue, nos universités, nos éditeurs, notre prestige qui ont donné à ce nihilisme son emballage chic. Sans la légitimité de la Sorbonne et de Vincennes, ces idées n'auraient jamais traversé l'océan. Nous avons exporté le doute comme d'autres exportent des armes.
Ce qui se construit maintenant, en silicon valley, dans les labos d'IA, dans les startups, dans les ateliers, dans tous les lieux où des gens fabriquent encore des choses au lieu de les déconstruire, c'est la réponse. Une civilisation se reconstruit par les bâtisseurs, pas par les commentateurs. Par ceux qui croient que la vérité existe et qu'elle vaut qu'on s'y consacre. Par ceux qui assument une hiérarchie du beau, du vrai, du bon, et qui n'ont pas honte de la transmettre.
Alors pardon. Et au travail.
@dlaje1 Como en los años de Horacio Galloso. Un solo periodista y listo. Nada de 7 tipos hablando de todo y todos a la vez, haciéndose los graciosos, con movileros que simulan estar apresurados, periodistas deportivos haciendo programas de política y policiales.
@jrochaga Los gestos afrancesados, la pose de intelectual, la respiración entrecortada como dando a entender que le sobran palabras para decir y no le alcanza la realidad para decirlas... Todo el sesgo de un kirchnerista obsecuente.
@Nicolita2692212@Jhonffonseca Es que se hace en defensa del liberalismo. No es posible, para occidente, que regímenes autoritarios controlen la economía, las finanzas y la producción, haciendo trampa.
Si querés entender qué pasa con los que profesan el islam, prestá atención a esta historia. Es domingo, tengo tiempo, y vale la pena contarla.
...En Irán, durante el Plan de Desarrollo Quinquenal (1990–1995), el gobierno buscaba reconstruir el país tras la guerra y reducir su dependencia del petróleo. Se lanzaron dos enormes proyectos hidroeléctricos:
Karun-3: iniciada en 1991 y finalizada en 2005, con 2.280 MW de capacidad, pensada para controlar inundaciones y generar electricidad.
Karkheh: iniciada en 1992 e inaugurada en 2001, con capacidad de almacenamiento de 5.900 millones de m³ y 520 MW de potencia.
Trabajar allí no era un paseo. La inestabilidad emocional y teológica del régimen hacía que nadie quisiera ir, por más dinero que ofrecieran. Así que las empresas recurrieron a técnicos extranjeros. Aun así, “misteriosamente”, murieron varios ingenieros —chinos, croatas, ucranianos, alemanes— en supuestos accidentes laborales: derrumbes, caídas, fallas en maquinaria… todos sabemos que era mentira.
Todo estaba bajo el ojo vigilante de Ali Jamenei, el Líder Supremo, y Akbar Hashemi Rafsanjani, el Presidente. La verdadera causa de los incidentes era la tensión con la Guardia Revolucionaria, milicias locales y conflictos con las comunidades afectadas. Documentos del Banco Islámico de Desarrollo y de organismos de la ONU lo reflejan, aunque disfrazado.
Yo estaba en un impass de la guerra de los Balcanes cuando recibí la llamada de Silvio, un ingeniero uruguayo y hermano del alma:
—Pedro, tenemos un contrato para Siemens AEG en Irán, Karun-3. Dos semanas, certificamos y volvemos. Nos acompañan dos alemanes con folios de especificaciones.
La paga era buena, estaba mi amigo, y eran solo dos semanas. Pedí permiso a mis jefes, me junté con Silvio en Francia y partimos a Teherán, cargados solo con una muda de ropa y los instrumentos.
Nos instalamos en el Hotel Azadi, de lujo (pagado por Siemens), frente a la plaza principal de Teherán. Fuimos a la obra y cumplimos con nuestro trabajo, con algunas “particularidades”: nos ofrecieron la venta de un par de chicas como esposas o esclavas a cambio de una vaca, un par de cabras ó 200 dólares.
Dos semanas después, ya habíamos terminado. Era viernes y debíamos esperar al lunes para sellar la documentación. Esa noche volvíamos vía Francia desde Mehrabad, el principal aeropuerto internacional. Solo operaban dos aerolíneas: Iran Air, caótico como el tren Sarmiento en hora pico, y Air France, algo más decente.
Mientras tomábamos un café con Silvio y los dos alemanes (que tenían menos onda que un sapo) vimos pasar tanquetas y jeeps con ametralladoras antiaéreas. Los soldados gritaban “Allahu Akbar”. A los locales no parecía importarles, pero mi instinto gritó peligro.
El mozo que nos atendía, por suerte un mendocino residente en Irán casado con una Abdulaja local, nos aclaró:
- Cerraron la frontera con Irak: Mehran, Khosravi y Shalamcheh. También Afganistán: los talibanes cazan a la minoría hazara. Turquía, por riesgo de tráfico y refugiados kurdos. Todo dicen que es por seguridad nacional y control político-religioso, pero esto es una intifada.
- O sea que la única forma de salir de acá es por aire… ¿o me equivoco? - le pregunté.
- No te equivocás. Por tierra es imposible. Por aire… no sabemos hasta cuándo. Esto se está inflando y nadie sabe cuándo explotará. Anoche al ayatolá le cayó mal la cena, anda de mal humor con los infieles a Alá, nos reímos del chiste y lo saludé.
Observábamos a la policía iraní y militares de civil, a dos mesas de distancia, clavándonos la mirada. Susurré a Silvio y los alemanes:
- Muchachos, vamos a la habitación, necesitamos hablar tranquilos.
Ya solos, les dije:
- Esto se pudrió. La única forma de conservar la cabeza es salir de aquí. Hay una intifada en curso y no creo que sobrevivamos a esta fiesta que no es nuestra. Propongo ir al aeropuerto y tomar el primer vuelo que salga. Estando en este hotel lleno de turistas extranjeros, cuando a estos simios se les colapse la neurona, será el primer lugar que ataquen.
Silvio me respondió: No se hable más, nos vamos.
Los alemanes, estoicos, dijeron: Nos quedamos a esperar la certificación.
Aunque les expliqué que se podía resolver vía consular, y que el cianocrilato (La Gotita) no servía para pegar cabezas si se las cortaban… no me hicieron caso.
Con Silvio corrimos al aeropuerto y enganchamos un vuelo a Francia con escala en Estambul en un Boeing 747-200 Combi. Logramos subir y a las 18 salimos. Llegamos a Orly a las 3 de la madrugada.
Comíamos unos sanguchitos de jamón y queso (que en Iran no existían) con café, cuando en la televisión, desde Londres, mostraban una nota sobre Irán. A las 22 hs, habían sacado a los turistas y técnicos alojados en el hotel adonde habíamos estado alojados y dejamos a los alemanes. Los encapucharon, los arrodillaron y, mientras dos simios les leían el Juicio del profeta, un verdugo les pegaba un tiro en la cabeza.
Los alemanes nunca pudieron firmar los papeles pendientes ni se pudo recuperar sus cuerpos. A la voz de “Allahu Akbar”, apilaron y quemaron todos los cuerpos de los condenados por Alá sin mayores inconvenientes.
Al final, lo que más queda no son los nombres de las represas, los vuelos o los contratos, sino la evidencia de la locura que habita en quienes se consideran seguidores del profeta.
Esa puta obsesión por controlar, castigar y eliminar a cualquiera que piense distinto es aterradora.
No se trata de religión ni de política: es odio puro, visceral, capaz de borrar vidas sin pestañear.
Y uno se da cuenta que cuando la intolerancia se convierte en ley, la supervivencia deja de depender de la suerte o la habilidad técnica: depende de no cruzarse en el camino de la furia ciega de quienes creen que su fe justifica cualquier crimen.
Es fácil abrazar causas vinculadas con el profeta y agitar banderas palestinas, cuando estás lejos del alcance de una espada que te corte la cabeza o te metan un tiro por la espalda, porque un loco cree que el profeta le dió la orden de terminar con tu condición de indigno e infiel.
El Tío Pedro
05/10/2025
Tucumán - RA.-
FDI: Se completó una nueva ola de ataques contra el sistema de misiles balísticos y defensas aéreas del régimen iraní en el oeste y centro de Irán. Fue alcanzado un sitio en Qom donde se almacenaban misiles Qadr-H-1 con cientos de kilos de explosivos. La operación frustró decenas de lanzamientos hacia Israel y debilitó su principal capacidad ofensiva.
Los musulmanes viviendo con hindúes = Problema.
Los musulmanes viviendo con budistas = Problema.
Los musulmanes viviendo con cristianos = Problema.
Los musulmanes viviendo con judíos = Problema.
Los musulmanes viviendo con sikhs = Problema.
Los musulmanes viviendo con bahá'ís = Problema.
Los musulmanes viviendo con shintoístas = Problema.
Los musulmanes viviendo con ateos = Problema.
Los musulmanes viviendo con musulmanes = Gran problema.
Por esta razón:
No están felices en Gaza.
No están felices en Egipto.
No están felices en Libia.
No están felices en Marruecos.
No están felices en Irán.
No están felices en Irak.
No están felices en Yemen.
No están felices en Afganistán.
No están felices en Pakistán.
No están felices en Siria.
No están felices en Líbano.
No están felices en Nigeria.
No están felices en Kenia.
No están felices en Sudán.
¿Dónde están felices?
Están felices en Australia.
Están felices en Inglaterra.
Están felices en Bélgica.
Están felices en Francia.
Están felices en Italia.
Están felices en Alemania.
Están felices en Suecia.
Están felices en Estados Unidos y Canadá.
Están felices en Noruega y en la India.
Están felices en casi todos los países que no son islámicos.
¿A quién culpan? No al islam. No a sus líderes. No a ellos mismos.
Culpabilizan a los países en los que están felices.
Quieren cambiar los países en los que están felices para que se parezcan a los países de los que vinieron, donde eran infelices.
Vía @ImtiazMadmood