—¿Saben ya todos que me van a subir los impuestos?
—Sí, amo.
—¿Y qué les parece?
—Horrible, mi amo. Temen que se vaya y pierdan lo que usted les ha dado.
—¿Y por qué no protestan?
—Protestan, mi amo.
—¡Pues no les oigo! ¡Que protesten más fuerte!
—Claro, amo. Se lo merece.