Hay algo muy adulto en descubrir que casi nunca existe “el momento perfecto”. Un día simplemente haces las cosas con miedo, sueño, dudas y pendientes, y resulta que así era como se avanzaba.
Hay realidades que pueden coexisitir: puedo tener miedo y avanzar de todas formas. Puedo querer a alguien y no poder seguir en esa relación. Puedo haber superado algo y seguir pensando en ello de vez en cuando. Nada es blanco o negro.