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Los humanos somos expertos en apropiarnos de logros ajenos. Decimos que llegamos a la Luna, aunque solo doce personas lo hicieron. Que descubrimos la teoría de la relatividad, aunque la mayoría ni la entiende. Que inventamos la imprenta, aunque apenas logramos armar un mueble sin piezas de sobra. Vivimos de los logros de unos pocos genios, sacamos la bandera cuando un país logra algo bueno, pero nos desmarcamos cuando la historia se vuelve oscura.
Pero, ¿qué es lo que realmente nos hace humanos?
La antropóloga Margaret Mead tenía una respuesta. Cuando le preguntaron cuál era el primer signo de civilización, no mencionó el fuego ni la agricultura, sino un fémur fracturado y sanado. En el reino animal, una fractura es una sentencia de muerte: no puedes cazar, huir, ni sobrevivir. Si un hueso se curó, es porque alguien cuidó a ese ser, lo protegió, lo alimentó, lo cargó hasta que pudo valerse por sí mismo.
Ahí está la ironía. Nos obsesiona la grandeza, la conquista, la inteligencia. Pero lo que realmente nos define no es llegar a Marte ni construir rascacielos. Es quedarnos cuando podríamos irnos.
Y ahí es donde entran los libros. Nos encanta decir que la lectura nos hace más inteligentes, pero lo que en realidad hace es humanizarnos. Nos permite vivir otras vidas, sentir otras realidades, ejercitar la empatía. Nos obliga a escuchar la voz de otro, a comprender dolores ajenos, a ponernos en los zapatos de alguien más.
Harper Lee nos mostró en Matar a un ruiseñor que la justicia no siempre es justa. Orwell nos advirtió en 1984 que quien controla el lenguaje, controla el pensamiento. García Márquez nos enseñó en Cien años de soledad que la historia de una familia puede ser la historia de una nación.
Así que sí, celebremos la Luna, la relatividad y la imprenta. Pero no olvidemos que la verdadera hazaña, la que realmente nos hizo humanos, no es ninguna de esas.
Es ese primer fémur curado.
Es el amigo que se queda cuando podría irse.
Es la historia que nos ayuda a entendernos.
Porque no es la Luna la que nos hace humanos.
Es el amor.
(Un recordatorio necesario en una semana en la que el amor se celebra entre ofertas y descuentos).
Porque hay que desmontar mitos:
La OFAC en sus documentos oficiales de detenciones, al igual que Homeland Security (captura en carrusel), han informado que ningún miembro del Tren de Aragua arrestado en Estados Unidos poseía Estatus de Protección Temporal (TPS).
Según datos disponibles, aproximadamente 800 individuos asociados a esta organización criminal han sido detenidos en el país.
Considerando que, según cifras no oficiales, hay alrededor de 1.300.000 venezolanos en Estados Unidos, estos arrestos representan solo el 0,06% de la comunidad venezolana en el país.
Es importante destacar que el Tren de Aragua es una organización criminal originaria de Venezuela que ha expandido sus operaciones a nivel internacional. Sin embargo, la inmensa mayoría de los venezolanos en Estados Unidos son ciudadanos respetuosos de la ley que buscan mejores oportunidades y contribuyen positivamente a la sociedad estadounidense. Además, la reciente decisión del gobierno de Estados Unidos de cancelar la extensión del TPS para venezolanos ha generado preocupación en la comunidad. Esta medida afecta a miles de venezolanos que habían encontrado protección temporal en el país.
Es fundamental no estigmatizar a toda una comunidad por las acciones de una minoría. Los venezolanos en Estados Unidos continúan aportando de manera significativa al tejido social, cultural y económico del país.
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Ni los venezolanos ni ningún inmigrante son los responsables del aumento del crimen en EE.UU. De hecho, ¡los niveles de criminalidad han disminuido en 2024! Y como me gusta probarlo con datos, aquí están los del Departamento de Justicia.
Es clave compartir las cifras reales y no alimentar un miedo innecesario.
P.D.: El “perfil típico” del criminal en EE.UU. es, en su mayoría, un ciudadano estadounidense.