Condenan a la muerte laboral al hermano del Presidente pq es su hermano. Si no lo fuera, no habría causa judicial. Como con su mujer. Perseguir día y noche a la familia de un Presidente para acabar con su Gob, como si fuera una cacería sin límites, da mucho miedo y asco.
Confieso que me indigna. No lo puedo ocultar.
Abuso de poder. Nauseabundo, irracional abuso de poder.
Este pobre ser humano ha descubierto que no sellan el pasaporte.
Y no, BG no puede “probar” que no se fue a bailar a Dublín.
¿Quién parará a este presunto desquiciado?
Hay quien todavía mide la pertenencia por el apellido, el lugar de nacimiento o el color de piel.
Otros la medimos por el arraigo a un país y la voluntad de contribuir a él. Jugando al fútbol. Cuidando a nuestros mayores. O abriendo negocios.
España es de quien la ama y la trabaja. No de quien la avergüenza con declaraciones xenófobas.
Francia, nos vemos en semifinales. Que gane el mejor y que pierda el racismo.
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Una cacería enfermiza caracteriza, a todas luces y para toda España, la instrucción extravagante y sectaria del juez Peinado contra Begoña Gómez, por el evidente hecho de ser la mujer del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Un país europeo, potencia económica destacada, como España, no se puede permitir esta errática persecución judicial, a una ciudadana, sin delito alguno que lo impulse y ampare. La búsqueda espuria de que sea un jurado de Madrid quien emita el veredicto es un final buscado y sin suspense, culpable, como dice ya el PP, Ayuso y su corifeo de medios subvencionados. Se burlan de la ciudadanía española y arrastran por el barro la Constitución y el derecho a la tutela judicial y un juicio justo. Marginan la presunción de inocencia, e instruyen sobre la base de culpabilidad, como en sus reiterados autos ha dejado entrever bien patente Peinado y le han dejado hacer sus superiores. 👉👉“La Fiscalía pide la absolución de Begoña Gómez en su escrito de conclusiones para el juicio: "Sin delito no hay autor" vía @eldiarioes https://t.co/2OJZvpH7TN
La 'Justicia igual para todos' es una farsa, a Vito Quiles le levantan la orden de busca y captura, a Aldama le libran de la cárcel, pero a Begoña Gómez le retiran el pasaporte. El sistema judicial es un embudo ideológico intolerable.
Muchos percibimos que no vivimos en una verdadera democracia, sino que los ricos controlan la política a través de diversos mecanismos. Pero ahora no es sólo una sensación, es algo demostrado con datos y estudios 🧵
Hay follón entre estadounidenses y europeos con que si usamos mucho o poco o nada el aire acondicionado.
Pues mirad lo que os digo, hace 2400 años, en Persia, ya inventaron una manera de refrescarse: fabricaban hielo EN EL DESIERTO.
Esta es la historia:
Imaginad los desiertos de el Dasht-e Kavir y el Dasht-e Lut, en la actual Irán. Son extensiones donde el día castiga con cuarenta grados largos y la tierra parece el recuerdo de un mar que se evaporó de pura desesperación. Imaginad ahora, brotando de la arena parda, una colina de barro con forma de colmena gigante o de teta apuntando al cielo, una cosa con pinta de cosa-que-no-debería-estar-ahí y sin embargo está, lleva siglos estando. Es un yakhchāl, palabra que significa, literalmente, pozo de hielo.
Y dentro de la cúpula, que es de adobe, en mitad del horno, los persas fabricaban hielo. Lo hacían nacer de la noche y de una elegantísima comprensión de la física. Insisto, hace dos mil cuatrocientos años.
El truco era no luchar contra el desierto sino aliarse con su peor enemigo secreto, que es el propio desierto. Porque el desierto es como el matón de una peli americana de institutos, esto es, tiene una debilidad: de noche, cuando el sol se pone, el cielo seco y despejado se convierte en un sumidero. El calor del suelo se escapa hacia arriba, hacia el espacio negro, sin vapor de agua que lo retenga, y la temperatura se desploma. Enfriamiento radiativo, lo llaman los manuales. Venganza nocturna, lo llamaría yo.
El agua se vertía en pozas poco profundas, resguardada por muros orientados de este a oeste que la mantenía en sombra durante el día asesino, y perdía calor hacia el cielo nocturno hasta congelarse. A veces ayudaban sembrando un bloque de hielo traído de las montañas, una semilla de frío, para que el resto cuajara antes. Y al amanecer cortaban las láminas heladas y las bajaban a una cámara subterránea, una suerte de vientre del yakhchāl, donde aguantaban el verano entero.
Porque el vientre era la otra mitad del prodigio. Muros de hasta dos metros de grosor en la base, levantados con sarooj, un mortero de arena, arcilla, clara de huevo, cal, ceniza y pelo de cabra mezclados en proporciones precisas, impermeable y reacio al calor como un monje al pecado.
Bajo tierra, un hueco que en los pozos grandes podía alcanzar miles de metros cúbicos. Arriba, la cúpula con un orificio en lo alto para que el aire caliente se escapara por arriba y arrastrara consigo el bochorno, dejando el fondo frío y quieto.
Porque aquellos persas no conocían la termodinámica pero no tenían la palabra termodinámica, no tenían la palabra albedo, no tenían a Carnot ni a Clausius ni los gráficos del programa Copernicus que hoy nos dicen que Europa se calienta al doble de velocidad que hace cien años. Pero tenían barro, sombra, agua, paciencia y una observación feroz del cielo. Y con eso fabricaban hielo en el infierno.
Nosotros, que sí tenemos la termodinámica entera, que sabemos exactamente por qué la noche del desierto enfría y por qué la dorsal atmosférica nos asa, respondemos a la canícula encendiendo aparatos que devuelven al aire más calor del que extraen de la habitación, exportando el problema al pasillo, a la calle, a la atmósfera, al año que viene, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Compramos frío a plazos y no somos conscientes de lo que pagamos a cambio.
Mientras, los yakhchāl siguen en pie, pero ya no se usan. Algunos se conservan por su evidente valor antropológico pero fueron jubilados con la invención del frigorífico—que en persa, por cierto, también se llama yakhchāl, ironía perfecta—. Cuando los miras en fotos, ahí en medio de los desiertos de Irán, nos recuerdan que hubo una vez una manera de combatir el calor que no consistía en fabricar más calor, a veces solo era necesario mirar arriba para entender el cielo nocturno.
Según Feijóo, es una desgracia para España que...
▪️Tengamos 5 puntos menos de paro que en 2018
▪️Más de 3 millones de personas estén afiliadas más a la Seguridad Social que en 2018
▪️El paro juvenil haya bajado 10 puntos y el femenino 6 puntos desde 2018
▪️El SMI haya pasado de 736 € en 2018 a 1.221 €
▪️La pensión media haya aumentado más de 420 € desde 2018
@montseminguez
“Queremos pasar página del ‘procés”, ha dicho hoy Feijóo en Barcelona.
La ley de Amnistía triunfa entre quienes hace dos años gritaban “¡Puigdemont a prisión!”.
El PP también amnistía y Junts corresponde dando un rodeo británico.
Todos dentro.
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Una precisión. No es el
Voto particular de la sentencia, sino del recurso del FGE a su procesamiento. Palomo sostuvo que ni siquiera debía ir a juicio.
El mensaje es: toda persona sometida a investigación puede ser destruida antes de que se someta a juicio.
El que pueda destruir que destruya al hombre que no tenía que haber ganado en 2004.
En el Ruedo Ibérico se ajustan cuentas de hace veinte años.
Días oscuros, ciertamente.
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La plaza y la antorcha: dos formas de matar al monstruo
Hay una escena que se repite cada vez que una parte de la sociedad decide que ya ha tenido suficiente de alguien.
Cambian el vestuario y el atrezo, pero la coreografía es idéntica: una multitud se reúne, alguien señala al culpable, y lo que sigue se vive como fiesta.
No como tragedia.
Como fiesta.
En París, a finales del siglo XVIII, esa fiesta tenía hora y lugar fijos. La gente llegaba temprano para conseguir buen sitio, vendía limonada entre ejecución y ejecución, y aplaudía cuando la cuchilla caía.
No iban a ver morir a un hombre: iban a ver morir a un símbolo.
El verdugo era casi un actor secundario; el protagonista era la idea de que el mal por fin tenía nombre, cara y cuello.
Unas décadas después, en 1818, Mary Shelley escribió otra escena de multitud, esta vez de ficción, pero construida con el mismo material humano.
Un pueblo entero persigue con antorchas a una criatura que no se han molestado en conocer.
Les basta con que sea distinta, grande, fea, silenciosa.
La criatura de Shelley nunca llegó a pedir compasión; simplemente quiso explicarse, y nadie esperó a escucharla.
El fuego llegó antes que la pregunta.
El mismo gesto, dos siglos de distancia
Lo interesante de poner estas dos escenas una junto a otra no es la sangre —de eso hay de sobra en ambas— sino el mecanismo que las hace posibles.
En los dos casos actualizado a nuestros tiempos: el adversario es la ideología, y se convierte en un monstruo a destruir.
El odio no razona, no pide perdón, no tiene familia, todo vale.
La guillotina necesitaba enemigos del pueblo.
El pueblo de Shelley necesitaba un monstruo, no una criatura abandonada por su creador y aterrorizada por su propia existencia.
Y aquí está la ironía que la novela esconde mejor de lo que parece: el verdadero monstruo de Frankenstein nunca es la criatura.
Nadie sube a la guillotina —ni real ni metafórica— para hacer justicia.
Sube porque eliminar al adversario es más fácil , es como hacer trampas, darle una patada al tablero.
Convertirlo en monstruo, en enemigo del pueblo, en amenaza existencial, ahorra esfuerzo intelectual.
Y como todo lo que ahorra esfuerzo, resulta tremendamente popular para el populacho.
Esto explica por qué la plaza siempre encuentra público.
No hace falta maldad particular en cada espectador; basta con la pereza moral de preferir un villano arrodillado en la plaza.
La historia se repite no porque el ser humano sea especialmente cruel, sino porque es especialmente eficiente: prefiere la solución rápida , cortar, quemar, expulsar, odiar.
En 1789 el pueblo se levantó contra sus privilegiados.
En 2026, una parte considerable del electorado defiende a su clase política con un fervor que el propio Luis XVI hubiera envidiado, no porque ignore sus privilegios, sino precisamente porque los conoce y, aun así, decide que son "los suyos".
El fenómeno no es nuevo —el clientelismo político es casi tan viejo como la política misma—, pero la diferencia es de escala y de medios: hoy se puede fabricar lealtad tribal a un ritmo y con una precisión algorítmica que ningún Borbón tuvo jamás a su disposición.
No se trata de estupidez del pueblo, se trata de identidad: cuando la política deja de discutirse en términos de gestión y empieza a discutirse en términos de bando, defender los privilegios de "los míos" se convierte en una forma de defenderse a uno mismo.
La aristocracia de 1789 no necesitaba que el pueblo la quisiera; le bastaba con que no se organizara.
La ultraderecha actual ha aprendido algo que a Versalles le habría ahorrado un disgusto considerable: es mucho más barato y mucho más rentable conseguir que te aplaudan odiando al contrario.
Todo este rollo es posible porque existen las Susanas en prime time.
Los fachas ha hecho que se suspenda una de las mejores cuentas que existen en redes, la de Marc @nosoloviernes2 . Si compartes esto, van a rabiar mucho.
Gente como Marc es imprescindible.
Os enseñará su vídeo editado . Yo os enseño la verdad.
Perseguir, acosar, molestar a clientes y trabajadores y tener que soportar que te hable a centímetros de la cara, hasta que te hartas.
¡Y ahora que lo edite en el despacho de cualquier diputada del PP!
Me han dicho que el zasca del PG @sanchezcastejon al presidente del @PPE ,@ManfredWeber se ha escuchado en la Estación Espacial Internacional...
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