Cuando le preguntan si se arrepiente de haber robado niños, responde con firmeza que no. No duda, no vacila, no matiza. El daño no aparece como algo que deba cargar.
Después intenta explicar su historia: que si le hubiera tocado otra vida, otra madre, otro origen. Pero su pasado no fue únicamente una cloaca física ni moral. Hubo momentos con recursos, hubo estabilidad, hubo una vida en Polanco que no encaja con el relato de abandono absoluto que hoy sostiene.
Tampoco estuvo rodeado solo de malandros. En La Merced hubo personas a las que llamó amigos, vínculos que no lo obligaban a delinquir. Su historia tuvo sombras, sí, pero también zonas donde pudo elegir distinto.
Por eso la pregunta de si los monstruos nacen o se hacen no se responde con una sola palabra. Hay heridas que no se escogen, pero también decisiones que sí. Y aun así, incluso los peores caminos no cancelan la posibilidad de buscar a Dios, como lo han hecho millones de personas con pasados igual o más oscuros.
Pero llega un punto donde el contexto deja de ser explicación y empieza a ser excusa. Donde ya no es la infancia, ni el barrio, ni las influencias, sino la negativa a mirar el daño causado. Ahí es donde algo se quiebra de verdad.
Hoy, a la distancia, encerrado en una celda, sin el influjo de sustancias, sin la excusa de la edad ni del impulso, elige victimizarse. No enfrenta lo que hizo, enfrenta cómo se siente por lo que vivió. Y eso, curiosamente, le encanta a la sociedad: nos resulta más cómodo abrazar al victimario cuando se presenta como víctima que incomodarnos exigiendo responsabilidad.
No siempre pudo elegir, es verdad. Pero cuando pudo hacerlo, decidió continuar. No puede cambiar su pasado, pero podría mirar el daño y reconocerlo. No lo hace. Porque en su narrativa él no es autor de nada, solo objeto de injusticia.
Y sí, fue víctima. Pero fue una víctima que abrazó ese papel y no quiso abandonarlo. Porque mientras permanezca ahí, no hay culpa, no hay deuda, no hay arrepentimiento.
Pensar así parece una buena idea: si no eres responsable, no debes nada. Pero con el tiempo esa postura se convierte en una prisión. La actitud termina siendo la condena.
No todos usan el dolor como combustible para el odio. Hay quienes lo transforman en empatía. Y llega un momento, inevitablemente, en el que una puerta se abre y toca decidir: quedarse siendo la víctima de tu historia o avanzar.
Como dice la frase: la luz vino al mundo, pero ellos amaron más las tinieblas que la luz. Y esa elección, al final, también es una decisión.
Irónicamente muchos de los grandes capos mexicanos poseen rasgos caucásicos y "euro-mestizos"; barbas tupidas, cabello delgado, y tez más clara clara respecto a sus subalternos de piel más oscura y obvios rasgos amerindios. Muchos podrían pasar fácilmente por árabes o españoles.
"Alivianense a la vrga!, dejense de puterias...", Sicarios del CJNG se grabaron emboscando escondidos desde un cerro a Elementos de la Guardia Nacional en la carretera Zamora-Carapan, dejando seis Elementos heridos (Informacion en el enlace) https://t.co/Vx0oRxXBF9