Señor, tu mansedumbre no es cobardía, pues es valiente el que pone la otra mejilla. Tu perdón no es debilidad, porque solo la fuerza del perdón pone la paz en nuestro corazón. Tu amor no es posesivo sino una entrega total hasta la cruz. Haznos mansos y humildes de corazón, Señor.
Señor, ¡qué grande es tu amor, que nos has rescatado de la muerte dando tu vida en la cruz! Nos llamas para ir delante de tus ovejas marcando el camino de tu reino y nada podemos negarte. Danos tu Espíritu Santo para guiar con sabiduría tu rebaño y dar la vida por tu amor, Señor.
Señor, te buscamos en nuestros intereses y egoísmo para conseguir nuestros deseos. Tú estás a la derecha del Padre, allí intercedes por nosotros, pero tu voluntad está unida a la del Padre. Danos la luz para conocer tu voluntad y seguirte de la mano de la Inmaculada Virgen María.
Señor, nos amas y sufres porque estamos alejados de ti. Nos amas y deseas que te busquemos, que acudamos a ti para compartir con nosotros el yugo de la vida, para hacerlo ligero. Abre nuestros ojos a este amor inmenso de Dios y haznos mansos y humildes para acoger tu amor, Señor.
Señor, nos das tu amor sin merecerlo y sin pedir nada a cambio, nos das la vida y el pan de cada día. Solo pides que hagamos lo mismo con los hermanos, que demos amor sin medida, que demos alegría y consuelo al triste, que pongamos todo lo que somos y tenemos en tus manos, Señor.
Señor, cuando grabas tu ley en el corazón, cumplirla no es una carga, nos da felicidad. Porque tu ley es el amor, un amor que nos hace humildes, mansos y misericordiosos, una ley que da la vida. Danos la luz de tu Espíritu para quitar los falsos dioses y cambar el corazón, Señor.
Señor, somos luz solo si reflejamos la luz de tu palabra con nuestra vida y amamos como tú nos amas. Danos la luz de tu Espíritu para que nos muestre la verdad de nuestra vida, para que nos guíe por tus caminos y podamos ser luz para el mundo cada día. Y te daremos gloria, Señor.
Señor, la verdadera felicidad no está en el placer terreno ni en la ausencia de dolor. La felicidad está en seguir tus pasos con humildad y acoger la voluntad de Dios en el corazón, en abrirte el corazón y decirte: Límpialo de los apegos de este mundo y llénalo de tu amor, Señor.
Señor, comer tu carne y beber tu sangre nos hace uno contigo. Comer el pan de vida nos hace vivir en ti, como tú que vives unido al Padre y vivir en unión con todos los hermanos. Y podemos decir como Pablo: Ya no soy yo, es Cristo que vive en mí. Danos siempre de este pan, Señor.
Señor, nos falta fe para poner nuestra vida en tus manos y buscamos el alago del mundo en lo poco que damos. No terminamos de creer que tú nos darás ciento por uno y la vida eterna. Ayúdanos a vencer el miedo, el egoísmo que nos ata al dinero y danos fe para darte la vida, Señor.
Señor Jesús, tú eres Dios, Palabra de Dios que se hizo carne para nuestra salvación. Te damos gracias por tu palabra que nos ilumina y nos guía, que nos muestra el amor de Dios y nos da una vida nueva. Que tu Espíritu Santo viva en nuestro corazón y lo sane con tu palabra, Señor.
Señor, nos creaste por amor y nos hiciste a tu imagen para darnos la capacidad de amar. Amarte es escucharte, seguirte y morir contigo en la carne para resucitar contigo en el amor. Amarte es llevar tu amor al mundo, amar como tú nos amas y poner nuestra vida en tus manos, Señor.
Señor, desconfiamos de tu poder y pensamos que la vida solo puede ser como nosotros la imaginamos. Pero tú has muerto y has resucitado para darnos una vida nueva, una vida que no termina. Danos fe para vivir ya esa vida nueva junto a ti y dar la vida para vivir en tu amor, Señor.
Amarás a Dios sobre todas las cosas, dice nuestro primer mandamiento. Si amamos a Dios, si cumplimos su palabra, si llevamos su amor al mundo, lo demás ya no importa, a cada uno lo suyo. Quita, Señor, nuestros apegos al dinero, al poder, a la fama y haznos humildes a tu voluntad.
Señor, también nosotros somos tu viña, ¿te daremos los frutos de santidad que nos pides? Todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido de ti, ¿no pondremos nuestra vida en tus manos? Danos fe, conocimiento y fortaleza para confiar en ti y seguirte. Danos tu Espíritu Santo, Señor.
Te amo, Señor, porque tú me has amado primero y te has entregado por mí. Creo en ti, Señor, porque, a pesar de mis pecados, has puesto tus ojos en mi y has venido a salvarme. Espero una vida eterna junto a ti, porque así nos lo has revelado. A ti gloria y alabanza por los siglos.
Señor, dudamos de tu autoridad, de tu palabra y de tu amor porque no se adaptan a nuestros intereses. Te juzgamos y no vemos que solo tú conoces lo hondo del corazón de los hombres. Danos fe en ti y en tu palabra y danos humildad para decir que tú eres nuestro único Dios y Señor.
Señor, nos pides amar, perdonar, orar con fe y vivir unidos en tu amor. Y seremos templos de oración y daremos fruto abundante y nos concederás aquello que te pidamos. Aumenta nuestra fe, muéstranos ese pecado que tenemos que arrancar del corazón y danos tu Espíritu Santo, Señor.
Señor, cada día al despertar nos pides que pongamos nuestra vida en tus manos y te digamos: “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad”. Porque tu plan es perfecto, aunque nos cueste, porque quieres que seamos como Jesús y llevemos tu palabra y tu Espíritu de Amor al mundo, Señor.
Señor, tu inmenso amor te llevó a subir a Jerusalén para servir y ser el rescate por nuestros pecados. Pon tu amor en nuestros corazones y danos el Espíritu Amor y de servicio que te llevó a dar la vida por nosotros. Seremos grandes y caminaremos contigo y viviremos en ti, Señor.