A raíz de lo de María Pombo, en las redes, miles de personas han dado argumentos sobre por qué leer es beneficioso, como era lógico, pero lo que más me ha sorprendido es la cantidad de intelectuales y escritores afirmando que no por leer se es mejor persona que otra. Efectivamente, nadie es mejor que otra persona por leer… porque nadie es mejor que otra persona. Me parece un debate tan de influencer que no sé cómo tanta gente ha podido caer en el error.
Por suerte, todavía no existe una lista de méritos que nos vaya aupando puestos en una lista social donde, supongo que para esta influencer, la gente guapa y rica estaría en los primeros puestos y los que no sabemos combinar el azul cielo con otro color, caeríamos a la cola. Aunque la gente lo piense, lo estamos viendo hoy en día en Palestina, no existe una persona mejor que la otra. Una científica, por mucho que aporte a la sociedad, no es mejor que el cajero del supermercado. Y sí, un lector no es mejor que otro que no lee, por el simple hecho de que la vida no es una competición, ni un torneo.
Ahora, como escritor, lector y profesor de escritura, estoy cien por cien seguro de que leer y escribir mejora la vida de la gente… pero era una seguridad basada en la experiencia, en mis vivencias. He visto a gente salir de lugares muy oscuros gracias a las letras impresas, pero… ¿Podrían ser casos aislados?
Así que hice lo que se debe hacer en estos casos, acudir a la ciencia. Me propuse resolver la pregunta sobre si la lectura te hace mejor persona. He estado leyendo y escuchando a expertos en neurociencia y estas son las conclusiones que he sacado:
Leer protege tu cerebro: La lectura retrasa y detiene el deterioro cognitivo provocado por la edad. Es una gran defensa contra las enfermedades como el Alzheimer o la demencia. Y esto es muy fácil de explicar: la lectura estimula tantas partes del cerebro de forma visual, espacial, sensitiva, memorística, etc… que provoca una gran actividad en nuestro cerebro, lo que mantiene en forma ante posibles deterioros. Leer es, por así decirlo, un entrenamiento cerebral.
Leer reduce el estrés y la ansiedad: Según una investigación de la Universidad de Sussex leer tan solo seis minutos puede disminuir los niveles de estrés hasta en un 60%. La lectura permite una desconexión a nivel cerebral y también corporal. Es algo así como una kriptonita para tensión del día a día.
Leer mejora la empatía: El escritor John Steinbeck dijo una vez que "Solo puedes entender a las personas si las sientes en ti mismo". Esto es un poco lo que sucede dentro de nuestro cerebro al leer, la lectura activa las famosas neuronas espejo, neuronas que nos permiten imitar comportamientos sociales, y por lo tanto favorece mejores interacciones sociales o al menos la comprensión de ellas.
Leer mejora nuestras funciones cognitivas: Quizás las actividades cerebrales que más se ven afectadas en los últimos tiempos, como la atención, la concentración, la memoria, pueden mejorar gracias a los hábitos de lectura. Frente al vértigo del siglo XXI, donde las funciones ejecutivas están siendo arrinconadas, la lectura ofrece un refugio para fomentar estas actividades del pensamiento.
Leer modifica físicamente tu cerebro: Las personas con un hábito lector pueden ensanchar algunas áreas del hemisferio izquierdo que se encargan del procesamiento de información y de la categorización del mismo. Es decir, las partes que tienen que ver con el procesamiento de información están fortalecidas y son más eficientes.
Leer, por supuesto, mejora la creatividad: Imaginar el país de Oz o cómo es físicamente Gollum hace poner en marcha algunas áreas del cerebro diferentes regiones. Esto fortalece sus conexiones, creando vías más eficientes para el pensamiento creativo. Esto provoca una mayor facilidad para el pensamiento divergente y la resolución de problemas de una manera no convencional.
Y apuro una última conclusión que no tiene tanto que ver con la neurociencia, como con la sociología: Leer aumenta el sentido crítico. En mi opinión, tener un ojo crítico va a ser una de las habilidades más importantes en los próximos años. Almacenar conocimiento no será tan importante como saber detectar qué información es veraz o tener puntos de vista no polarizados. Esto también se entrena con la lectura.
Por último, me gustaría acabar con una última anécdota personal. Desde que nació mi hijo, le hemos leído en voz alta sus cuentos favoritos antes de dormir. Ahora, que ya lee los libros él solo, nos pide que sigamos leyendo con él, aunque cada uno lea su libro. Así que, todas las noches, antes de dormir, nos tumbamos en la cama y cada uno lee su libro. No sé si esto mejora en algo su vida, pero tengo claro que la mía es mucho mejor con ese momento.
Por qué NO receto antibióticos.
Spoiler: no es por hacerme el interesante.
La escena es casi universal: un paciente entra por la puerta con cara de gripe, estornuda dos veces, y antes siquiera de que termine de sentarse ya está esperando que le recete algo. Algo fuerte. Algo “que lo cure”.
La consulta médica, en España, no acaba cuando termina la explicación. Acaba cuando entregas una receta. Nos hemos acostumbrado (mal) a que el final del ritual médico sea la emisión de la receta. No sabemos hacer que el paciente se vaya de otra manera. Y eso es un problema.
Cuesta dinero en impuestos, daña la salud pública y convierte al médico en un expendedor con bata. Pero, aún así, es más barato recetar que disponer del tiempo y los recursos que cada paciente realmente necesita.
Sin embargo, los medicamentos no son caramelos. Hay medicamentos especialmente sensibles, que deberían estar bajo custodia médica severa: los antibióticos.
Ya bastante tenemos con ser uno de los países del mundo que más benzodiacepinas receta como para seguir regalando amoxicilina o azitromicina por catarros.
Vamos con lo básico. La mayoría de infecciones respiratorias son víricas. Es decir:
- Se curan solas.
- Solo se pueden tratar los síntomas.
- No, los antibióticos no “ayudan un poco”.
- No, no te acortan la enfermedad.
- No, no impiden que “te baje a los bronquios”. Estamos hablando de un resfriado, no de un ascensor.
Lo único que se puede hacer es tratar los síntomas: fiebre, dolor, malestar. Lo que decía tu abuela: líquidos, cama, manta, ducha tibia y paciencia. El resfriado común dura entre 3 y 7 días. Con antibiótico, sin antibiótico, con Reiki o con oración. Igual.
Cuando el buscador de antibióticos detecta que das demasiadas explicaciones, su radar se activa:
- “No me va a recetar un antibiótico, ¿verdad?”
- “No. Llevo 20 minutos explicándole por qué.”
- ”Es que a mí me va bien. Con antibiótico se me pasa en tres días”.
- “Claro, como a todos. Porque dura tres días.”
- “Pues mi otro médico siempre me lo receta.”
Y ahí… ahí es donde me muerdo la lengua para no contestar:
“Porque en el tiempo que yo estoy con usted, él ha visto doce pacientes.”
Tres razones por las que no te receto antibióticos:
1) Porque crean resistencias.
Los antibióticos no solo matan bacterias malas. Matan también a las buenas. Las que viven en tu piel, tu boca, tu colon… Las supervivientes son las más resistentes. La próxima vez que tengas una infección de verdad, es posible que el antibiótico ya no funcione.
2) Porque tus bacterias son nuestras bacterias.
Tus hijos, tu pareja, tu madre, tus compañeros de trabajo… comparten contigo su flora. Las bacterias resistentes no se quedan contigo. Las propagas. Y cuando ellos sí necesiten un antibiótico, puede que ya no sirva. Y será culpa tuya.
3) Porque tienen efectos secundarios.
Diarrea, náuseas, vómitos. Puede que a ti no te importe estar un poco flojo. Pero un anciano, una persona con poco apetito, alguien frágil… puede acabar hospitalizado por un antibiótico que no necesitaba.
4) Porque no te van a curar.
Cada año aparecen nuevas bacterias resistentes. Vamos perdiendo terreno. Desarrollamos antibióticos más despacio de lo que las bacterias se hacen resistentes. Perdemos la batalla, y no es una metáfora: estamos desarmándonos como especie por el capricho de que una tos se cure “más rápido”.
Así que no. No te voy a recetar un antibiótico.
Estar enfermo es una faena. Te duele la cabeza, tienes fiebre, mocos, tos… Lo sé.
Pero no hay atajos. No hay píldora mágica para los virus. Solo cuidados sintomáticos y paciencia. Lo que diría tu abuela.
Y si a los 3-5 días todo sigue igual, o empeora, entonces hablamos.
Hasta entonces, no me pidas un antibiótico. No soy un dispensario. Soy médico.
Nos acostumbraste a hacer real lo imposible
Nos sostuviste en el alambre
Nos llegaste al corazón con tu forma de ser
Hasta te atreviste a marcar un gol de época
Gratitud eterna a un portero que accede directamente al olimpo del Real Zaragoza
💙🤍🇦🇷
Nos han puesto una queja que es fruto del desconocimiento del trabajo que se realiza dentro de una UVI móvil.
Mujer de unos 80 años que vive sola. Al no contestar al teléfono en varias horas, los familiares se alarman y van a su casa.
La encuentran tirada en el suelo.
Es una mentira. Gente de la zona ha contado que se metió en el vertedero y que se puso a grabar.
La ropa tirada es aquello que los mismos vecinos han tirado de sus viviendas.
Haced que esto se difunda. Es asqueroso que este miserable vaya a engañar a costa de la desgracia
Antonio Machado: «En España lo mejor es el pueblo. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva».
Esto debe ser un antes y un después en la historia de este país, deben rodar muchas cabezas, da igual del color político que sean, la gestión ha sido y está siendo nefasta, una vez pase esta pesadilla el pueblo debe alzar su voz de una vez.
Llevo días cabreado con lo de Valencia.
Por la extrema inoperancia negligente del Gobierno valenciano. Su estupidez y cobardía ha costado muchas vidas.
También con el Gobierno central. Está actuando de manera cobarde y mediocre. No haber tomado las riendas ya es inexplicable.