Pretender respetar la memoria de las mujeres sin reconocer su realidad material, su sexo, a la vez que se abrazan discursos que hablan de 'identidades de género', es contraproducente.
No puedes historiar la vida y obra de las mujeres si no puedes definir qué es ser mujer
Este exceso de cuadros hace que las instituciones no puedan (o quieran) permitirse mantener el estado de conservación debido para todas las obras.
Con demasiada frecuencia los cadáveres que inundan los almacenes son de autoría femenina.
La mayor parte de las colecciones de los museos no están expuestas, los almacenes son cementerios en los que el buen estado de conservación y almacenaje de las obras depende de la gestión y administración de la institución.
Además del silencio e impunidad institucional, se realizaron exposiciones retrospectivas de André (Guggenheim de NY (1992); MNCAR de Madrid (2015); MoCa de LA (2017)), mientras que la memoria y obra de Mendieta era borrada y olvidada.
El 8 de septiembre de 1985, con solo 36 años, Ana Mendieta fue encontrada muerta tras caer por la ventana del piso 34 de un edificio en Manhattan, en el cual se encontraba a solas con su marido, Carl André, famoso escultor minimalista.
alegando pulsiones de muerte presentes en su trabajo por el uso de técnicas artísticas como la sangre o ceniza, lo cual le llevaría en última instancia a suicidarse.
Solo se cuestionó la estabilidad y salud mental de Mendieta, nadie cuestionó la obra ni la personalidad de André.
«No hay pasado original que redimir: est�� el vacío, la orfandad, la tierra no bautizada del principio, el tiempo que desde dentro de la tierra nos mira. Está sobre todo la búsqueda del origen.»
#anamendieta ❤️
Las mujeres que aparecen en los lienzos abandonan su categoría de mujer, es más, la categoría de persona, para convertirse en arquetipos, en la encarnación de unos estereotipos determinados, convertidos por el curso de la Historia del Arte en recurso temático.
Todas imágenes producen definiciones sobre la feminidad: afianzan la condición de la mujer como signo de la masculinidad, con imágenes completamente estereotipadas, en las que los artistas vuelcan todas sus fantasías, deseos o temores.
por una parte, fuertemente vinculadas con la naturaleza, abnegadas, ángel del hogar, incapaces de pensamiento abstracto, alejadas de la razón, cándidas; por otra, amenazadoras, sensuales y seductoras, malévolas, frías y calculadoras, perversas.
En el nombre del progreso y de la evolución los hombres han volcado sus esfuerzos en enseñarnos cómo comportarnos de acuerdo a la posición que ellos mismos han destinado para nosotras en la civilización.
El arte contribuye a la creación de un clima ideológico, social e institucional que promueve prácticas sociales que vulneran los derechos y dignidad de las mujeres.
Una inmensa mayoría de obras de arte esconden propuestas peligrosas sobre la naturaleza de las relaciones humanas.
Eva Hesse comparte su malestar y reflexiones sobre su realidad como mujer en el mundo del arte. Estaba leyendo “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir.
Hesse murió antes de haber generado una conciencia feminista, y antes del desarrollo del arte y la teoría feminista en el arte.
Carta de Eva Hesse a Ethelyn Honig, principios de 1965:
«Me pregunto si somos únicas, me refiero a la minoría que ejemplificamos. La lucha femenina, no en términos generales sino nuestras luchas específicas. (…)
Lee “El segundo sexo”.
Yo ahora lo estoy acabando.
Siempre he sufrido con estos pensamientos pero ahora temporalmente he encontrado un vocero. Pero naturalmente no siento la habilidad innata que ellas u otras tienen que han triunfado.»
Carta de Eva Hesse a Ethelyn Honig, principios de 1965:
«Me pregunto si somos únicas, me refiero a la minoría que ejemplificamos. La lucha femenina, no en términos generales sino nuestras luchas específicas. (…)
El hacer un ‘vestido bonito’ fiesta exitosa dibujos bonitos no nos satisface. Queremos lograr algo significativo y sentir que nuestra participación nos vuelve personas pensantes valiosas. (…)