en él lo sorprendió, consiguiendo que sus nervios despertasen una vez más por unos instantes.
“¿Cómodo?”
Inquiere, junto con el alzar de una de sus comisuras.
“No quisiera hacerte esperar.”
Es por ello que procuraría siempre conseguir algo de tiempo para el humano. Después de todo, la vida de ellos era efímera en comparación a la propia — apenas un paseo. Algo en lo que... Prefería no pensar ahora mismo.
Sentir al menor recostado +
reconfortante, aún si dentro de sí desconocía si debía ceder a tales cosas mundanas.
“... Todo lo que gustes. Puedo sacar tiempo para ti.”
Habló sin siquiera pensarlo dos veces.
Contrario a Kaedehara, la mirada de Xiao bailó del agarre de sus manos a la tranquila faz del mismo, admirando sus facciones y cómo la tenue luz iluminaba las mismas.
Podría quedarse siglos observándolo.
( ... ) El sólo escuchar cómo buscaba hacer más cosas con él era +
“Yo no—...”
Quiso excusarse, dar razones de que no dijo eso, y sin embargo el dulce tacto de sus manos le hizo acallar. Tragó en seco, pues por un instante sintió su corazón latir con fuerza — no acostumbraba a dicha clase de gestos.
“... Me quedaré contigo.”
Su hábil giró +
Al menos el sentimiento era mutuo, aún si Xiao no lo pronunciaba como tal. El mero hecho de compartir lugar con Kazuha era una prueba más que obvia de ello.
“Lo estoy,” no duda en exhalar. Parece titubear por un instante antes de volver a hablar. “... ¿quieres que... Me quede?”
“... Me alegra.”
Una efímera curvatura podía ser vista en los carmines del adeptus, aún si no fue más que por un par de instantes. Su hábil apartó, sutil asentimiento realiza.
“Me encuentro bien. No—... no tengo mucho que contar.”
Carraspea.
“Hace tiempo que no te veía.”
En silencio y con visible calma, Xiao se sentó junto a él.
Su mirar dorado se fijó en el ronin, una de sus hábiles alzando para aventurarse a ordenar con cuidado un par de mechones rebeldes.
“¿Descansaste bien?”
capaz de percibir el –para nada– sutil sabor a vino en sus cerezos, deduciendo pues cuál había sido el motivo de su tan repentina visita a altas horas de la noche.
Xiao no estaba acostumbrado en absoluto a la presencia de alguien más en su día a día – ni mucho menos consideró que alguien como el ronin llegase a disfrutar de la propia hasta el punto de acabar buscándolo y recurrir a él.
O bueno, desarrollar algo más como tal.
Fue pues +
débil suspirar fue ahogado en el ósculo, párpados dejando caer apenas su anatomía relajó, permitiéndose ser apegado a él – uno de sus brazos alzando para colocarlo tras la nuca del samurái.
Correspondió con dulzura, aunque mayormente, tratando de disimular su torpeza. Era +