El DNU que contiene la derogación de la prohibición de límites de compra de tierras a extranjeros es de nulidad absoluta y debe ser rechazado inmediatamente por ambas cámaras. Habiéndolo hecho el Senado, debe ser tratado de manera urgente por la Cámara de Diputados, de no hacerlo, la Cámara de Diputados es cómplice del Poder Ejecutivo.
Estamos en presencia de un poder autoritario que afecta la soberanía e integridad territorial de la Nación Argentina, de sus límites y fronteras, de los cuales son hoy responsables el Presidente de la República y los ministros firmantes del Decreto, y lo serán los legisladores de no rechazar de forma inmediata y contundente dicho DNU.
Se los dije hace más de 20 años: vienen por el agua y la tierra. Ahora lo que viene es la IA y el agua dulce. Todos cómplices. Que Dios los perdone. Esto es el anarcocapitalismo. Son simples empleados a sueldo para enajenación de la Nación Argentina. Última matriz de saqueo. O tomamos conciencia o estamos fritos.
Los alcaldes de Nueva York y Londres, las dos mayores ciudades de Occidente, son musulmanes. Y democráticos. Y populares.
El problema no es la religión, es el fundamentalismo. El islámico y el islamofóbico.
Lalo subió un post con Paco y Catriel.
Saltaron los gomas a querer ser más musiqueros que la música.
En 2:50 minutos, Lalo Mir los acomoda en la palmera. Y me confirma que pasé mi adolescencia escuchando, aprendiendo y admirando a la gente correcta.
Un choque de autos también es un problema “entre privados”.
A veces después tiene que intervenir la policía, una ambulancia, un juez. Es decir, el Estado. A nadie se le ocurre que el juez pague los daños con dinero público, sí que revise cumplimiento de normas y estimule acuerdos voluntarios.
A veces falla la prevención. Ausencia de carteles de velocidad, cruce de caminos, falta de educación vial, estimulan conductas imprudentes. Y todo es risas… hasta que dos privados chocan.
Lo mismo con el crédito. Si se ceba a 100 por hora para recuperar consumo perdido, sin educación financiera es más probable que se trague los baches.
Me dio bronca la injusta campaña anti argentina por el mundial, pero frente a los acontecimientos en Europa no hay que subirse a reproducir el odio, porque ese es el negocio de los poderosos. El mundo está en llamas y hay que pensarlo de nuevo, desde la fraternidad.
Hay que ser extremadamente imbécil para meter una cita de la Constitución Nacional (la cual es liberal/libertaria), y en paralelo promover el "Estado de Bienestar" (socialista/woke y ni hablar si sos comunista).
¿De qué hablaba exactamente el mundo cuando nombraba en redes sociales a 🇦🇷 durante el Mundial? Un análisis con NLP sobre 40.000 posteos publicados durante el torneo lo midió y la respuesta fue categórica: de fútbol, casi no se hablaba.
Los 29 tópicos detectados se agrupan en 5 grandes narrativas, y solo una es futbolera: la del “mundial arreglado” y el VAR. Las otras cuatro no tocan una pelota: racismo como atributo de la nacionalidad, Malvinas usada para humillar (con especial intensidad en la conversación en inglés), Argentina como refugio nazi, y la etiqueta de “Israel de América Latina”, que aparece aislada en el mapa semántico porque no nace del fútbol sino del alineamiento político con Israel. Hay además un hallazgo extra: “Hambrientina”, una conversación más chica pero tan consistente que emergió como tópico propio, burla organizada sobre la crisis económica. Ninguna de estas narrativas es nueva, ya existían como repertorio de años anteriores y este mundial funcionó de amplificador.m de las mismas.
El estudio es de la politóloga y data scientist María de los Ángeles Lasa (@condolasa) y su conclusión es precisa: una conversación hostil, persistente y organizada, con la pelota como excusa. La campañas de odio espontáneas son difusas, estallan y se apagan… esta tenía ejes definidos, términos propios y consistencia en el tiempo. Eso es propaganda funcionando a escala y, lamentablemente, seguirá creciendo pues los algoritmos la aman.
El país más racista del mundo
Me tiene impresionado nuestro nuevo racismo. Me dieron ganas de escribir sobre eso pero no de publicarlo en algún medio. Prefiero que quede aquí, al alcance de quien quiera leerlo.
Una conciencia nueva recorre el planeta. No lo sabíamos pero ahora sí: el saber progresa incontenible. En estos días he escuchado y leído varias veces que la Argentina es “el país más racista del mundo”. Es cierto que, según dicen esos mismos, queremos ganar todo y no sabemos perder: quizá nos ofrecen este primer lugar para compensar nuestras derrotas futboleras. En cualquier caso la noción es brutal y me dio ganas de contarles cómo es el racismo en la Argentina para que ustedes juzguen. A veces, muy de tanto en tanto, conocer los hechos puede ser una ayuda.
Antes del desembarco de los españoles no se sabe: no queda registro de esa gente, pero eran pocos y vivían en grupos laxos, no había estados, la discriminación era difícil. El primer racismo rioplatense registrado fue, entonces, el de aquellos soldados que llegaron para tratar de ocupar aquellas pampas –habitadas por seres inferiores a los que había que ordenar, educar, catequizar y explotar todo lo posible para salvar sus almas, pobrecitos.
El problema, en toda América, fue que los locales no alcanzaban para extraerlo todo y además se morían casi siempre. Por suerte los grandes del reino dieron con la solución: llevar otros trabajadores.
Entre 1550 y 1800, grosso modo, el reino de España secuestró o hizo secuestrar a tres o cuatro millones de africanos para llevarlos a trabajar a sus colonias americanas. El viaje era duro: alrededor de un tercio moría en alta mar. Para los que llegaban la vida era casi peor: el trabajo de todo el día todos los días para un dueño más o menos implacable según los casos y la estrategia comercial. Algunos pensaban que era mejor negocio cuidar a sus esclavos y explotarlos durante muchos años; otros, que convenía explotarlos más aunque duraran poco, porque tampoco eran tan caros. No estamos hablando de la Edad de piedra en Baluchistán: es aquí mismo y son los grandes reyes cuyos nombres nombran calles y escuelas y orgullos españoles.
Nuestros racismos más extremos tienen su base en este tráfico. Los dueños de los esclavos justificaban su violencia arguyendo que los negros eran inferiores porque eran negros y, al ser inferiores, podían ser secuestrados y reventados a fuerza de trabajo. El racismo como excusa y consecuencia de la explotación.
(Siglos después esa historia incómoda también se solucionaría con un relato simple en que la diferencia venía de la raza o la nacionalidad: los malvados imperialistas europeos abusando de los pobres africanos. Los malvados imperialistas europeos abusaron, por supuesto, de los africanos pobres, pero la diferencia fundamental, una vez más, era la clase: reyes y nobles y poderosos africanos apoyaban y aprovechaban la caza y tráfico de africanos para la exportación. Algunos usaban el mito de la Patria: los capturados eran extranjeros, decían, gentes de otros reinos. Faltaba mucho para que se inventara la negritud, la noción de que todos los africanos tenían en común la raza, el sufrimiento.)
La actual Argentina y su puerto, Buenos Aires, no compraron muchos esclavos: no había minas ni plantaciones donde usarlos. Fueron sobre todo trabajadoras y trabajadores domésticos. Buenos Aires en 1810 tenía menos de 40.000 habitantes; los negros serían unos 10.000. Empezaban las guerras de la independencia contra España y algunos fueron a pelear. La mayoría eran soldados rasos, pero no por ser negros; por ser pobres.
En 1813 una Asamblea Constituyente pre-argentina decretó la “libertad de vientres”. Sonaba a abolición de la esclavitud pero no lo era: significaba que los nuevos hijos de esclavas no serían esclavos pero que los esclavos ya existentes no dejarían de serlo hasta su muerte. Así, los honorables diputados calmaban sus conciencias y los dueños de los esclavos –a menudo ellos mismos– no perdían dinero resignando sus propiedades de dos patas. Solo cuarenta años después la Argentina abolió por fin la esclavitud. Para ese entonces Estados Unidos y Brasil la mantenían como una base decisiva de su economía.
La mayoría de los negros de Buenos Aires no sobrevivió al siglo XIX. En 1865 una “Triple Alianza” de argentinos, brasileños y uruguayos se lanzó a la guerra contra Paraguay para cortar sus veleidades de desarrollo autónomo. En el ejército porteño había soldados negros –y muchos fueron muertos. Lo mismo en la siguiente guerra, cuando los ricos porteños decidieron matar a los indios que vivían en las pampas para apropiarse de sus tierras. Y la puntilla fue, probablemente, la gran epidemia de fiebre amarilla de 1871, que se encarnizó con los negros –porque vivían en los lugares con la peor higiene.
En Argentina, tras todo ese desastre, no quedaron muchos. Ahora, junto con Chile, es el país latinoamericano donde hay menos. Por eso, entre otras cosas, fue patético cuando una serie de medios “serios” de Estados Unidos denunciaron que la Argentina era tan racista que en su selección de fútbol no había ningún jugador negro –en un país donde no llegan al 0,7 por ciento de la población.
Su marca más profunda en la cultura argentina es una palabra: el tango era un lugar donde los negros se juntaban para cantar y bailar. Pero la música del tango es, como casi todo en esas tierras, producto de la mezcla de la inmigración.
En 1880 el país tenía unos dos millones de habitantes; en 1920, alrededor de diez millones: la mayoría eran inmigrantes. Se destacaban los italianos y los españoles pero también había franceses, ingleses, alemanes, polacos, rusos, turcos, sirios, portugueses, griegos, japoneses, tantos más. En esos años la mitad de la población de Buenos Aires había nacido en otra parte y el preámbulo de la Constitución prometía “los beneficios de la Libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
Por supuesto, hubo un intento de reacción racista de parte de los ricos argentinos que los habían convocado imaginando que sólo recibirían contadores suizos y poetas toscanos. En cambio llegaron pobres sin educación, mucho anarquista y socialista, gente inconveniente. Hubo peleas pero, a largo plazo, los recién llegados se impusieron.
Y entre ellos se pelearon poco. Siempre hubo chistes y pequeñas reyertas, por supuesto, de tanos y gallegos y moishes y franchutes pero la mezcla sucedió enseguida: fueron comunes, ya desde el principio, las bodas entre gentes de orígenes distintos. Y la escuela pública, gran logro de esos años, fue el mejor instrumento de amalgama, la fábrica incesante de argentinos.
Hacia 1930 el país prosperaba. Seguía siendo el gran exportador de carne y grano, sus latifundios sin vergüenza, pero empezaba a sostener ciertas industrias. El desarrollo necesitaba brazos; los europeos, envueltos en sus crisis y guerras, ya no migraban tanto. Empezaron los desplazamientos internos: millones de argentinos de las provincias –que allí llamamos “el interior”– bajaron a la capital a buscar mejores vidas. Muchos tenían la piel un poco más oscura por viejos mestizajes. Los porteños ricos –y los que querían parecerlo– los llamaron “cabecitas negras”.
Era un racismo sin leyes, social, una pelea –y fue quedando aislado. Pronto el peronismo se ofreció a representar a los recién llegados y ellos lo abrazaron. Con el tiempo el peronismo fue variando –si algo hace es variar todo el tiempo– y buena parte de esos inmigrantes internos se integró. A partir de 1960 –y cada vez más– empezó a fluir otra corriente de ciudadanos de los países limítrofes que llegaban a buscarse la vida. Nunca tuvieron trabas burocráticas o policiales y ahora mismo se supone que son dos o tres millones, si acaso un cinco por ciento del total.
Y sin embargo en ese país en crisis, cuyos ciudadanos eligieron uno de los gobiernos más desagradables del planeta, no hay un uso político del rechazo a estos inmigrantes más recientes. Debe ser que esos politicastros dispuestos a todo lo han hecho medir y descubrieron que los votantes argentinos no lo agradecerían tanto como los españoles o alemanes o italianos o franceses o ingleses. La xenofobia no es, en Argentina, ese tema central que la ultraderecha y la derecha ha impuesto en nuestros países europeos.
Y tiene sentido: en la Argentina, por suerte, no hay pureza posible. Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro –porque nosotros mismos somos otros.
Hay, por supuesto, esa discriminación hacia los pobres que está por todas partes y ninguna FIFA, ninguna ONU, ningún gobierno condena. En Madrid, donde muchos inmigrantes islámicos no le pasan bien, el otro día vi una caravana de coches oficiales, brillosos, alemanes, bruta custodia policial, que paraba en la puerta del museo del Prado para que lo visitaran, obviando cualquier cola, cinco o seis jeques impecables. Esos jeques eran tan “moros” cómo cualquier víctima de Vox; la diferencia no está en la piel sino en la caja fuerte.
Yo soy español (una sola vez) y soy argentino (otra sola vez) y también soy un poco polaco, judío, ruso, todas esas cosas que me hacen parecido a algunos y muy distinto de otros que podrían definirse igual. Está claro que en las últimas décadas la Argentina fracasó en muchas cosas. Ya estamos en las semifinales mundiales del fracaso, pero triunfamos en mezclarnos. Por eso no nos resulta fácil ser racistas. Lo siento. Pero, por el amor de dios, no desesperen: si eso es lo que quieren, lo seguiremos intentando.
(Si alguien quiere reproducir estas palabras, sólo debería citar la fuente -o retuitearlas.)
Qué atrevidos estos argentinos. Un país periférico le quiere disputar la construcción de sentido a las potencias imperiales. Que atrevidos con su cabeza siempre en alto. Con su economía siempre destrozada instalan su música y su cine. Con lo mal que hablan español hicieron de su literatura un género universal. Que atrevidos. Pobres y sin academias dominan el mejor y más lucrativo deporte del mundo. Que atrevidos. Con su educación pública, libre y gratuita. Hasta dejan estudiar a los inmigrantes. Y atenderse en sus hospitales. Que atrevidos. Terrible dictadura y ahora son vanguardia de derechos humanos. Tienen a Milei pero no pudo con la política de género. Que atrevidos. Pelean mano a mano con el país imperial en lugar de refugiarse en la cálida sumisión como hacen los mexicanos, que más de 500 años después siguen pidiendo por favor, déjenos entrar, déjenos ser ustedes.
Que atrevidos estos argentinos. Se siguen negando a bajar la cabeza. Cabeza fueron de la iglesia católica en el mundo. Pero también tuvieron a uno que jugaba al fútbol y el mundo lo veneró como a un díos en la tierra. Y otro que liberó a una isla pero revolucionó al mundo. Y otro más que cruzó una cordillera enfermo y en camilla para liberar un continente. Que atrevidos. Estos días, en el partido más importante del torneo más importante mostraron un bandera anti imperial en el corazón del imperio.
Y un himno que dice que juran con gloria a morir.
Serán atrevidos estos argentinos.
Una diputada gringa repitiendo que somos un país racista porque nos aplica el marco teórico de una nación que tuvo su peor guerra porque la mitad de la población quería sostener la esclavitud. Nunca nos pasó: la libertad para todos los nacidos en suelo argentino llegó en 1813, antes que nuestra declaración formal de independencia y medio siglo antes de Lincoln.
Un dirigente de izquierda europeo, el simpatiquísimo @yanisvaroufakis del Club Deportivo Yo, da clases sobre multiculturalismo a un país que nunca colonizó a nadie, que recibió e integró ocho veces su población en menos de cincuenta años y que, al día de hoy, mantiene una de las legislaciones migratorias más abiertas del mundo, que hacen que sigamos incorporando diversidad a nuestro pueblo.
Pregúntenle por el trato a los venezolanos en nuestro país y compárenlo con lo que les van a contar del resto de los del continente o midámoslo con las políticas de concentración de inmigrantes en las islas de Grecia, o en Ceuta y Melilla o los pagos a gobiernos africanos para que les hagan de patrulla fronteriza.
De los que se suben a maltratarnos gratuitamente desde América Latina, en sociedades estratificadas por color de piel y cantidad de apellidos, ojalá tuvieran el plebeyismo de la nuestra y la voluntad de no tragarnos las injusticias como si vinieran dadas.
Acá estamos. Todos juntos 🇦🇷❤️.
@ajmechet Nadie tiene problemas con los judíos como nadie tiene problema con cristianos o los musulmanes en Argentina. Somos probelmas con los asesinos de mujeres niños y hombres. Con los genialidad de cualquier religión.
@martinvars Por qué vos nunca hablas con nadie en esa situación. El transporte no está colapsado. Hay salud de calidad y no hay inflación con en la argentina de milei. Hay problemas para solucionar o mejorar. Pero te aseguro que en España se vive mejor que en Argentina o usa.
CARTA AL PUEBLO ARGENTINO
Cómo lo vengo diciendo en los cursos y en los medios, Argentina es el lugar elegido para un experimento social de terribles consecuencias para la libertad humana, de pensamiento, de expresión, de vida digna, de espacios de intimidad, de libre albedrío; y esto viene de la mano de la no regulación de la IA que es la disolución de toda regla moral o jurídica, el fin del estado, la privatización de la fuerza tanto militar como policial en manos de grupos privados: a saber inversiones de súper RIGI que con inconsciencia, sin medir consecuencias, y a esta altura de absoluta mala fe, propician el Presidente Milei y Federico Sturzenegger. Por lo que habilitar estos regímenes y habilitar esta ideología amenaza a la sociedad en su conjunto y nos lleva al pleno totalitarismo privado de una corporación: la de Peter Thiel.
Por eso es que él señala a León XIV como el anticristo. Porque clara y oportunamente, y como lo enseño en mis cursos, el Papa invoca a Hannah Arendt en "Los orígenes del totalitarismo", libro que vengo enseñando desde hace 49 años en la universidad.
El problema que enfrentamos es existencial. Nadie puede hacerse el distraído y nadie quiere registrar, porque empieza el mundial. Y esto es una Prueba de Dios. Quien no esté atento y siendo luz en medio de la oscuridad, diciendo no, aunque sea íntimamente, será culpable político desde hoy y para siempre del totalitarismo que se avecina. (Karl Jaspers, “La culpa en referencia a la culpa política del pueblo alemán”) Los llamo a la resistencia desde la conciencia.
Desde “VOCES, en defensa para nuestra cultura y por la justicia y la paz” exhortamos a defender la ley expresada en nuestra Constitución, la libertad auténtica, el libre albedrío, el derecho y la justicia sin las cuales no hay sociedades posibles ni pensamiento crítico.
El artículo de opinión de hoy del Presidente Milei en el Financial Times confirma su adhesión plena a Peter Thiel, su filosofía, sus creencias y su poder económico; y toma a la Argentina como experimento catastrófico para la dignidad humana.
A los que creen en Dios y a los que no creen pero creen en la humanidad, a los valientes, a los abuelos, a los padres, a los jóvenes, los llamo a decir NO. NO en nuestro nombre, NO en nombre de la nación argentina, NO en nombre del capricho irracional del presidente. Está claro que el anticristo es Peter Thiel y que ellos forman parte de lo que se llama la ilustración oscura. Frente a la oscuridad tenemos que elevar la luz de nuestras conciencias y nuestras creencias más profundas.
(“En el país donde reinaba la oscuridad apareció la luz” - Isaías 9 Príncipe de la paz, el derecho y la justicia)
Elisa “Lilita” Carrió.