[...] Yo, como Satanás llevaba un infierno en mi interior y, al comprender mi aislamiento, quería destrozar los árboles, esparcir la destrucción a mi alrededor, para sentarme luego a contemplar con fruición aquellas ruinas.
A ver... No le pidáis peras al olmo. Estamos hablando de Feijoo, que en la campaña de 2009 le preguntó a un ganadero por qué todas las vacas tenían nombre femenino y el señor le tuvo que explicar que las vacas son todas hembras.
Dejo constancia del documento gráfico