Todo sucede demasiado rápido y nada deja huella. No es solo una impresión. El orden digital ha transformado cómo vivimos el tiempo y el pasado. Hemos pasado de un tiempo histórico con continuidad a un presente perpetuo que devora memoria y contexto. Un breve hilo al respecto:
Cada tanto voy al kiosco de noche a comprarme no uno sino dos alfajores, y el kiosquero debe pensar que soy el último romántico. La verdad que si porque a las voces se las mima y se las atiende.