@leosarro Este pelotudo gana un sueldon por no hacer nada y se queja de que la gente pueda ver el mundial. Seguro los hércules que no vuelan y los barcos de cardama nos dalieron más caros!!! Que gorila imbécil !!
@afigue2010 "Sin una mínima cuota de ayuda arbitral" está de más. Argentina se cansó de pegar y jugar sucio y el juez: siga, siga. Con otro árbitro terminaban con 10 o con 9 y otro hubiese sido el cantar.
@ElEspectadorUy Ruglio dando vergüenza capitulo diezmil !! El rey de echarle la culpa a los demás, criticando a un tipo que se hizo responsable. Patético!
@LaMesa995 Que lamentables resultaron La mesa de los Salames!! Muy alcahuetes de los jugadores y en especial de Suarez, el que pudrió todo el vestuario. Y está claro, ya lo dijo Poyet, si no les dá para bancarse una charla de 20 minutos, que se vayan a la mierda. Y uds no tienen vergüenza!
@jose_frola@Mayoafrancesado Quiso cambiar la forma de jugar lamentable que tenía Uruguay (todos atrás cuidando un empate y jugados a un contragolpe). Algunas cabecitas de jugadores no están listos. Como algunas cabecitas de hinchas. No les da ni para darse cuenta las diferencias.
@teledoce@KesmanAlberto Uruguay se quedó afuera porque el golero se comió 3 goles, así es imposible. Si no fuera por eso estaríamos en carrera aún. La única responsabilidad de Bielsa fue mantener el golero luego de la primera cagada. Bielsa vino a modernizar el juego Uruguay, chocó con estos dinosaurios
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.
Eso de “somos tres millones”, "esto es Uruguay " “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, "con el cuchillo entre los dientes" "hay que trancar con la cabeza" pueden ser una fuerza emocional enorme. Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.
Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.
Ahí apareció la resistencia.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Foto :AP news
@ovacionuy Aguante Bielsa. Con un golero manco hasta Guardiola fracasa. Por lo menos vos tenés la grandeza de reconocer tus errores. Siempre fue interesante escuchar tus conferencias. La gilada que te critica no llega a entender lo que explicás porque a la mayoría no le llega agua al tanque
@ElEspectadorUy@diegomunoz75 Es mucho más dramático y común sacar un golero y poner otro, que hacerlo con un jugador de campo, sin embargo, vos preferís resaltar eso. Sos un Muslera del periodismo.