Lionel Andrés Messi Cuccittini es el único jugador de la historia al cual siempre se le exigió estar al nivel de generaciones pasadas (Maradona, Pelé) y a las generaciones futuras (Mbappé, Haaland).
Y nunca falló, siempre fue mejor.
Y aunque ya no tiene absolutamente nada que demostrar, siempre es doloroso ver así al mejor jugador de todos los tiempos.
Cabeza arriba, Lionel.
El mejor de todos siempre tiene que estar con la cabeza arriba.
Después de todo lo que le diste a Argentina y al fútbol en general, lo único que se te puede decir es: GRACIAS.
Gracias por tu magia. Gracias por tu consistencia. Gracias por tu disciplina. Gracias por tu profesionalismo. Gracias por ser un caballero del juego. Y gracias por enseñarnos a NUNCA rendirnos.
Hoy se apagó el sueño del bicampeonato del mundo, pero la historia no se borra. Y tu nombre siempre será el primero en el libro dorado del fútbol.
FUISTE, ERES Y SIEMPRE SERÁS EL MÁS GRANDE.
GRACIAS ETERNAS.
El asado a la tabla entre amigos es probablemente la forma definitiva que fusiona a ese vínculo con la parrilla. Comida caliente recién salida, todo picoteado de una misma bandeja y mucha charla. A la vez, nula pretensión estética y poco para lavar. Ritual de rituales.