Dicen que padre no es el que engendra, sino quien cría, protege y está dispuesto a sacrificarlo todo por sus hijos.
Y eso nos recordaron Gwayne y Daeron. Un tío que amó y crió a su sobrino con todo el amor y protección posibles.
Mientras su familia deseaba usarlo como un arma política, Gwayne solo desea que viva, que sea feliz… aunque eso signifique no portar una corona.
Porque ¿qué buen padre querría que sus hijos hereden una corona que les costaría la vida?
Gwayne es de los pocos que realmente entiende las consecuencias de ir tras el Trono. Quizás por eso ahora Rhaenyra se sumerge en la oscuridad, porque no puede soportar que ese Trono que la está atormentando le haya costado la vida a sus amados hijos.
Por eso Gwayne intentó pactar un acuerdo a espaldas de Ortmund, en el cual Daeron se convertía en un Señor, renunciando a sus pretensiones al Trono, todo con tal de tenerlo vivo.
Me conmovió mucho cómo, tras la batalla de Tumbleton, lo primero que hizo al recuperar la conciencia fue pensar en Daeron y buscarlo desesperadamente.
Porque al final, entre coronas, guerras y ambiciones, lo único que realmente importa es que aquellos a quienes amamos sigan vivos.