Lo que no se dice a tiempo se pudre en el silencio, y lo que se barre debajo de la alfombra termina levantando la casa entera. Las heridas pequeñas, cuando se ignoran, se vuelven humedad: avanzan sin ruido hasta dañar los cimientos. No hay relación que sobreviva a la costumbre de dormir con la verdad atorada en la garganta.