Te ofrecen un trato: Borras todas tus redes sociales para siempre (Instagram, TikTok, Threads, todo) y a cambio recibes 2.000€ limpios al mes de por vida sin tener que trabajar. Pero no puedes volver a tener presencia digital nunca.
@DraShephard Pues yo fui con un traje de chaqueta blanco, con los complementos en naranja fosforito, pero no iba de ese color por robarle el protagonismo a mi hijo,si no porque él iba de beige y verde y no nos pisabamos el uno al otro. Que cada cual vaya como le salga del c0ñ0.
Tengo todo el móvil petado de mensajes de mis amigas que no puedo pararme a responder y mucho menos pararme a ver memes. Este trabajo va a acabar conmigo. Pero estoy agradecida.
#ARIES. Muchas felicidades. La #LunaLlena enfrente de tu signo armoniza tu vida y suaviza el dolor del pasado, que ya no forma parte de tu presente. Ahora es el momento de suavizar tensiones y fortalecer los lazos afectivos que realmente te importan.
Mi mejor amiga dejó de responderme de un día para otro.
Yo tengo 30.
Ella 29.
Hablábamos todos los días.
Nos contábamos todo.
O eso creía.
Nunca hubo peleas.
Nunca hubo celos.
Nunca hubo drama.
Solo silencio.
Al principio pensé que estaba ocupada.
—Luego me escribe —me dije.
No escribió.
Pasaron dos días.
Luego una semana.
Le mandé mensajes.
“¿Todo bien?”
“¿Te pasó algo?”
“Respóndeme, por favor.”
Nada.
Vi que subía historias.
Salía.
Reía.
Pero a mí… nada.
Eso dolió más.
Fui a su casa.
No abrió.
Toqué varias veces.
Nada.
Me fui confundido.
Molesto.
Herido.
—Después de todo… ¿así termina? —pensé.
Dos semanas después recibí un mensaje.
No era de ella.
Era de su hermana.
—¿Puedes venir?
Fui sin pensar.
Cuando llegué, el ambiente era raro.
Silencioso.
Su hermana me hizo pasar.
—Está en su cuarto —dijo.
Abrí la puerta despacio.
Ahí estaba.
Sentada en la cama.
Más delgada.
Más apagada.
Levantó la mirada.
—Hola —susurró.
Sentí rabia.
—¿Por qué me ignoraste? —solté.
No respondió de inmediato.
Se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Porque no quería que me vieras así.
No entendí.
—¿Así cómo?
Su hermana habló desde la puerta.
—Está en tratamiento.
El mundo se me cayó un poco.
—¿Tratamiento de qué?
Silencio.
Mi amiga apretó las manos.
—Depresión —dijo finalmente.
Todo encajó de golpe.
Las ausencias.
El silencio.
La distancia.
Me senté a su lado.
—Podías decirme —murmuré.
Negó con la cabeza.
—Siempre te cuento cuando estoy bien… no cuando estoy rota.
No supe qué decir.
Solo me quedé ahí.
En silencio.
Como debí haber estado antes.
Esa noche entendí algo que nadie te dice:
No todas las personas que se alejan… quieren irse.
Algunas se esconden porque no saben cómo pedir ayuda.
Y a veces, el silencio que más duele…
es el que alguien usa para no sentirse una carga.
La idea del hombre con un p3ne grandísimo es básicamente una fantasía difundida por los mismos hombres. En la vida real no es cómodo y muchas mujeres lo odian.
De Blas Infante fusilado, de Machado en Colliure, de Lorca en Viznar, de Caparrós sangrando, de Camarón cantando, de Almutamid, de Quintero, León y Quiroga, de Carlos Cano, de Jesús Quintero, de Triana, de Smash, de Chaves Nogales, de Juan Carlos Aragón.
Yo soy de Andalucía...
💚🤍💚El acento andaluz no le ha abierto una puerta a nadie en la vida. Ante los clasistas, que siguen despreciando, ninguneando y ridiculizando tus señas de identidad. Lucha por tu acento. Tu acento ni canta, ni te baila, no lo pierdas. Háblalo. No renuncies a tus mayores, a tu historia, a tu legado, a tu gente. ¡¡ANDALUCÍA NO HABLA UN MAL CASTELLANO, SINO UN PERFECTO ANDALUZ!! ¡¡ORGULLO DE ANDALUCÍA!! ¡¡DIVERSIDAD Y RIQUEZA!!
¿Qué yo hable más despacio? ¡Escucha tú más ligero!
¿Logopeda yo? ¡Otorrino tú!
¡¡TESQUIYÁ MALAHE!!
Mi esposa y yo llevábamos 9 años casados. Yo tengo 38. Ella 36. Tenemos una hija de 5.
Nunca le fui infiel.
Nunca la maltraté.
Nunca falté dinero en la casa.
Yo creía que eso era suficiente.
Hace tres meses me pidió el divorcio.
—Ya no soy feliz —me dijo.
No gritó.
No lloró.
No me acusó de nada.
Solo repitió:
—Me siento sola contigo.
Eso me enfureció.
¿Sola?
Yo trabajaba 10 horas al día por ellas.
Pagaba todo.
Nunca salía con amigos.
—¿Qué más quieres? —le pregunté.
Su respuesta fue corta.
—Que me mires cuando te hablo.
Me quedé callado.
Esa noche revisé nuestro último año.
No había infidelidades.
No había violencia.
No había grandes peleas.
Solo pequeñas ausencias.
Cenas mirando el celular.
Conversaciones interrumpidas.
“Luego hablamos”.
Nunca fue un escándalo.
Fue un desgaste silencioso.
Firmamos el divorcio la semana pasada.
Ayer fui a recoger a mi hija.
Mi ex abrió la puerta.
Sonrió. Se veía tranquila.
No estaba con nadie más.
No había otro hombre.
Solo había paz.
Mientras manejaba de regreso entendí algo que nadie te dice:
No perderás a tu pareja solo por lo que haces mal.
También la puedes perder por lo que dejas de hacer.
Y la indiferencia es una forma lenta de abandono.