#6Jun#España#PapaLeónXIV
“Gracias por estar aquí y por compartir la fe.
No tengáis miedo jamás a tener una vocación a la vida sacerdotal o a la vida religiosa”, el Papa habla de sus santos que son sus mayores referentes - @UniCatolicos_es
Circula una historia sobre Thomas Alva Edison que dice mucho sobre el poder de las palabras.
Un día, Edison volvió de la escuela con una nota para su madre.
—Mi maestra me dio esto y me dijo que solo te lo entregara a vos —le dijo.
Su madre abrió la nota. Mientras la leía, los ojos se le llenaron de lágrimas.
Entonces se la leyó en voz alta:
“Su hijo es un genio. Esta escuela es demasiado pequeña para él y no tenemos maestros preparados para enseñarle a alguien tan especial. Por favor, enséñele usted en casa”.
Desde ese día, su madre se hizo cargo de su educación.
Pasaron los años.
Edison creció, se convirtió en uno de los inventores más importantes de la historia y, tiempo después de la muerte de su madre, encontró aquella vieja nota entre los objetos familiares.
La abrió.
Pero el mensaje original decía otra cosa:
“Su hijo tiene una enfermedad mental y no podemos permitir que vuelva a la escuela”.
Edison lloró durante horas.
Después escribió en su diario algo así como:
“Thomas Alva Edison fue una vez un niño etiquetado como enfermo mental. Pero gracias a una madre valiente y amorosa, creció hasta convertirse en un genio”.
No sé si hay gesto más poderoso que ese.
Su madre podría haberle devuelto la herida.
Podría haberle repetido la etiqueta.
Podría haberle mostrado el rechazo del mundo.
Pero eligió otra cosa.
Eligió darle una frase que lo sostuviera.
Una frase que le dijera: sos capaz, sos inteligente, hay algo valioso en vos.
Y Edison creyó en esa imagen de sí mismo.
A veces una palabra puede encerrar a un niño.
Pero también puede abrirle una puerta.
Por eso importa tanto cómo hablamos.
Sobre todo cuando hablamos con alguien que todavía está construyendo la idea de quién es.
Un niño no siempre recuerda todo lo que le dijeron.
Pero muchas veces vive durante años dentro de esas palabras.
También te dejo una versión de cierre más fuerte, por si querés cambiar el final:
“A veces educar no es decirle a alguien lo que el mundo ve en él. Es ayudarlo a ver lo que todavía nadie supo mirar.”
Cuando una persona se cura sin tomar ningún tratamiento farmacológico o intervención quirúrgica, se dice que su caso es "una remisión espontánea!", quiero que tenga claro que la remisión espontánea es el triunfo de su sistema inmune.
Aprenda a cuidar de su sistema inmune y él cuidará de usted mejor que nadie.
Secretos para tener un sistema inmune poderoso ¡y feliz! sigue número 1 en ventas desde su lanzamiento gracias a ustedes, son maravillosos ❤️
Mi padre no me dio dinero. Me dio una escoba.
Tenía 23 años. Mi título colgaba en la pared y un aviso de desalojo estaba pegado en la puerta.
Enviaba currículums, esperaba “grandes oportunidades”, pero lo único que recibía era silencio. Mi cuenta bancaria estaba vacía. También mi esperanza.
Desesperado, llamé a mi padre:
— Papá, necesito 1.500 euros para el alquiler. Te los devolveré.
Hubo una pausa. Luego respondió:
— No tengo 1.500 euros para darte. Pero tengo trabajo. Mañana a las 6 de la mañana en el taller.
Me sentí humillado.
Yo tenía estudios. No era para estar con una escoba en la mano.
Pero dos semanas después… ya no tenía dónde vivir.
Nunca olvidaré mi primer día en el taller. Me dieron ropa de trabajo, café, un bocadillo… y una tarea.
La primera semana fue dura. Me dolían las manos, la espalda, y mi orgullo.
Pero nadie se rió de mí. Nadie me juzgó.
Me enseñaron. Me respetaron.
Y entendí algo importante:
Ningún trabajo te hace menos.
Lo que te hace menos es no respetar el trabajo de los demás.
Un día, un cliente arrogante empezó a gritar. Mi padre salió tranquilo y dijo:
— Aquí no se habla así. Tome sus llaves y busque otro lugar.
Luego se giró hacia mí:
— Nunca permitas que nadie te haga sentir inferior. Tener un título está bien. Pero la dignidad debes defenderla tú.
Seis meses después, le devolví los 1.500 euros.
Él nunca me los pidió. Pero yo necesitaba hacerlo.
Una noche, comiendo pizza, me dijo:
— El taller necesita una página web. Tú estudiaste eso… ¿puedes ayudar?
Sonreí:
— Claro. Pero soy caro.
Él respondió:
— Te pagaré con pastillas de freno.
Nos reímos.
Nos hacen creer que el éxito es un escritorio limpio y manos sin esfuerzo.
Pero a veces, el verdadero amor no es una transferencia bancaria.
A veces, el amor es una escoba a las 6 de la mañana.
Mi padre no me salvó de la tormenta.
Me enseñó a construir un techo.
No me dio lo que quería,
me dio lo que necesitaba.
Y hoy no soy solo alguien con un título.
Soy alguien con un futuro.
El magnate de Hong Kong, Hui Sai Fun, falleió en 2018 dejando una fortuna de $5,350 millones de dólares.
Para evitar que sus herederos malgastaran el patrimonio, tomó una decisión brillante:
Colocó todo en fideicomiso familiar
En lugar de recibir miles de millones, su hijo Julian Hui y otros 14 familiares reciben una asignación mensual de $256,000 dólares.
A este ritmo, el capital tardaría 1,750 años 1.416 en agotarse; sin embargo, al estar invertido, los intereses anuales superan los pagos, haciendo que la fortuna sea infinita.
Hui Sai Fun no dejó dinero, dejó un sistema.
Demostró que el verdadero poder no es heredar riqueza, sino blindar un legado para que las próximas generaciones nunca conozcan la escasez.
Triunfa con tus Finanzas
El hueso que guarda tu energía divina
Dicen que el hueso sacro es la antena de la conciencia.
Cuando se activa, la energía asciende como un fuego sagrado por la columna, despertando memorias dormidas y elevando tu frecuencia.
No es solo un hueso: es el código secreto de tu cuerpo, el punto donde la materia y el espíritu se encuentran.
El Poder De La Gratitud:
Los pequeños gestos de gratitud han demostrado mejorar el bienestar de las personas que los reciben, así como el de aquellas que los realizan.
Vivimos en un mundo que funciona a tal velocidad que en ocasiones olvidamos o restamos importancia a los aspectos más importantes de nuestro día a día.
Especialmente a aquellos que pueden estar ligados, tanto directa como indirectamente, con la felicidad.
La felicidad es aquella sensación de bienestar que nos ayuda a vivir de una forma más satisfactoria.
Cuando somos felices, nuestro cuerpo genera serotonina, dopamina y endorfinas, o las también conocidas como hormonas de la felicidad.
Estos neurotransmisores nos hacen sentir bien y mejoran nuestro sistema inmunológico.
Según algunos científicos, este sentimiento de alegría nos hace capaces de afrontar las dificultades y evita la creación de pensamientos negativos.
Entre otras cosas, permite que nuestro cerebro trabaje mejor, elimina el insomnio e incluso favorece a la eliminación del colesterol.
Todas estas consecuencias derivadas de la felicidad, lo convierten uno de los sentimientos más buscados y deseados por hombres y mujeres.
Se ha convertido en una de las metas principales de las personas, a pesar de no ser una tarea fácil de conseguir y menos cuando se marca como un objetivo.
Se trata de un propósito difícil de alcanzar, especialmente al tener en cuenta la sociedad en la que vivimos.
Somos la era de la inmediatez y ansiamos todo de forma inmediata.
Sin embargo, la felicidad no es algo a lo que se pueda aspirar a corto plazo, sino que es a través de los pequeños gestos del día a día cuando podemos encontrar las claves para ser felices.
Cual Es El Papel De La Gratitud?
Según una publicación de la Escuela de Medicina de Harvard, "la gratitud ayuda a las personas a sentir emociones más positivas, disfrutar de las buenas experiencias, mejorar su salud, hacer frente a la adversidad y establecer relaciones sólidas".
El hecho de ser agradecidos con los demás y tener la capacidad de valorar y apreciar lo que los otros hacen por nosotros es una cualidad cada vez menos común.
No somos conscientes del poder que puede tener en nuestras vidas incorporar en el día a día una simple palabra.
La gratitud es una característica que forma parte de la psicología positiva y que está presente en nosotros de manera innata.
Es una cualidad que suele destacar en las personas bondadosas y sencillas cuyo eje de vida es el positivismo y la resiliencia.
Dar las gracias puede tener muchas más consecuencias en nosotros mismos de las que pensamos.
Tiene un gran poder en nuestro cerebro, ya que ayuda a la creación de conexiones neuronales profundas, duraderas, notables y positivas, convirtiéndonos en personas más saludables y felices.
Queridos padres.
Nunca regañes ni sermonees a tu hijo cuando ya se siente pequeño.
En ese momento su mundo ya pesa demasiado. No necesita más carga, necesita un refugio. Necesita tus manos, no tu juicio. Necesita sentir que puede volver a levantarse… y que tú estás ahí, sosteniéndolo sin condiciones.
Cuando su voz diga una cosa y su cara diga otra, cree en su cara.
Ahí está la verdad que todavía no sabe poner en palabras. Los niños muestran lo que sienten mucho antes de entenderlo. Sus gestos son un lenguaje muy honesto. Aprende a leerlo con paciencia.
Compra más tiempo con tu hijo, no más cosas.
Compra momentos, no distracciones. Porque la infancia no espera. La paternidad se construye en la presencia o en la ausencia, y cada día que no estás, ya no vuelve.
Sé la calma de tu casa, no la tormenta.
Tu serenidad le enseña que el mundo puede ser un lugar seguro. Tu reacción descontrolada le enseña lo contrario. Y eso, para bien o para mal, se le queda dentro.
No expliques demasiado a quien aún no puede comprender. No todos los corazones están listos al mismo tiempo. Forzar una lección solo la vuelve inútil. A veces el amor habla más fuerte en silencio.
Nunca le supliques que te elija. El amor no se ruega, se construye. Se construye en los pequeños gestos repetidos, en la constancia callada, en estar ahí aunque sea difícil.
Cuando algo te moleste, espera. Deja pasar una hora. Deja que el fuego baje. Muchas reacciones nacen del impulso, pero las buenas conversaciones nacen de la calma. Elige siempre la calma.
No confundas sus emociones con las tuyas. Él está aprendiendo a sentir. Tú ya deberías saber cómo sostenerlas. Tu estabilidad es su ancla, aunque a veces no lo parezca y aunque a veces no te lo agradezca.
Si algo está rompiendo el vínculo entre vosotros, no vale la pena. Nada es más caro que esa relación. El trabajo puede esperar. El orgullo puede esperar. La infancia, no.
Déjalo llorar. No apagues su emoción, acompáñala. Quédate cerca, sin invadir, sin corregir. Solo estando. Enséñale que sentir no es peligroso, que caer no es el final y que siempre se puede volver a empezar.
No lo empujes a crecer más rápido. El tiempo ya se encarga de eso. Confía en el proceso.
Habla bien de otros hombres delante de él. Tus palabras también construyen su identidad y su forma de ver el mundo.
No bajes tus estándares solo para no incomodarlo. El crecimiento necesita desafío y límites. Tu tarea no es proteger su ego, es fortalecer su carácter.
Di muchas veces: “Déjame pensarlo”.
Y quédate un momento en esa pausa antes de responder. Ahí suele aparecer la respuesta más honesta.
Crea algo que sea solo de vosotros dos: un ritual, un apodo, un momento especial, un lenguaje propio. Lo sagrado necesita intimidad.
Perdona sus errores de verdad, pero observa los patrones. Hay lecciones que necesitan repetirse y otras que necesitan firmeza.
Recuerda lo importante. Olvida lo que no lo es. Esa es la verdadera sabiduría.
Al final, los hábitos más simples, los más silenciosos y repetidos, son los que realmente construyen a un hijo fuerte.
Muchos de nosotros crecimos sin estas guías. Pero eso no es una condena, es una oportunidad. Podemos hacerlo distinto. Podemos hacerlo mejor. Podemos cambiar la historia.
Podemos ser el padre que habría hecho más ligera nuestra propia infancia, más cálido nuestro recuerdo y más dulce nuestra vida.
Porque al final, tu hijo no recordará tus discursos ni tus reglas perfectas.
Recordará cómo se sintió contigo.
Y eso es lo que realmente permanece para siempre.
Sabías que?
Las abejas pueden reconocer y recordar rostros humanos.
Aunque sus cerebros son diminutos, con menos de un millón de neuronas, estos insectos poseen una capacidad visual sorprendente.
Investigaciones han demostrado que las abejas pueden aprender a identificar patrones faciales humanos y recordarlos durante al menos dos días.
Este reconocimiento no implica que las abejas comprendan lo que es una cara humana como nosotros, sino que perciben la disposición y configuración de los rasgos faciales como un patrón específico.
Al entrenarlas con recompensas, las abejas pueden asociar ciertas imágenes faciales con estímulos positivos, demostrando una capacidad cognitiva más avanzada de lo que se pensaba.
En 2003, un equipo de filmación alemán siguió a una familia nómada en el desierto de Gobi de Mongolia. La película, *The Story of the Weeping Camel*, fue nominada al Oscar.
Una madre camello había rechazado a su recién nacido después de un parto brutal de dos días. Sin su leche, el ternero moriría.
La familia conocía una opción. Enviaron a sus dos hijos jóvenes en un viaje a través del desierto para encontrar a un músico que pudiera realizar un ritual llamado Hoos, una ceremonia de cánticos transmitida durante siglos específicamente para este momento.
El músico llegó. Se realizó el ritual. La madre camello derramó lágrimas reales y se volvió hacia su ternero por primera vez.
El equipo de filmación había ido a documentar un modo de vida. No tenían idea de que capturarían eso.
La UNESCO añadió el ritual Hoos a su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial en 2015, junto con el flamenco, la dieta mediterránea y el arte de hacer pizza napolitana.
@VargasKevi23363 Te felicito, haces un trabajo muy bonito y super especial dar clases y entender a tus estudiantes en sus miedos apoyandolos en recuperar su confianza y conocimiento.
Llevo diez años dando clases de matemáticas en un colegio público.
He tenido estudiantes que aprenden rápido y estudiantes que necesitan más tiempo y he aprendido que la diferencia entre los dos casi nunca es inteligencia.
Este año tengo en mi clase un estudiante que va en el mismo grado por tercera vez.
El primer día llegó y se sentó en la última fila con la cara de alguien que ya sabe lo que viene.
El primer ejercicio lo hice en el tablero y le pregunté si podía resolver el siguiente.
Me miró como si la pregunta fuera una trampa.
Cambié la dinámica de mi clase ese mismo día.
No para él solo. Para todos.
Empecé a hacer las preguntas de manera que equivocarse fuera parte del proceso y no una señal de algo.
Llevamos tres meses y ese estudiante ya no se sienta en la última fila.
No porque yo se lo pidiera.
Sino porque un día llegó y se sentó más adelante sin decir nada y desde entonces ha seguido avanzando.
Diez años enseñando matemáticas y ese muchacho me recordó que el conocimiento no es el único obstáculo para aprender.
A veces el obstáculo es el miedo a preguntar.
Y ese miedo no lo resuelve ningún libro de texto.
Lo resuelve un salón donde equivocarse no cuesta tan caro.
Anónimo
Tu casa no es solo un lugar donde vives, es tu templo. Es el espacio sagrado donde descansas, sueñas, creces y celebras tus victorias.
Por eso, sé muy cuidadoso con quién dejas entrar.
No todas las personas vienen en paz.
No todos se alegran de verdad cuando las cosas te van bien.
Hay sonrisas que esconden envidia, palabras bonitas que cargan mala energía y miradas que, aunque parezcan inocentes, dejan huella.
Protege tu paz como proteges tu corazón.
No abras las puertas de tu hogar por compromiso, por quedar bien o por miedo a decir que no.
Tu casa debe ser un refugio, no un lugar donde entre cualquier energía.
Quien entre a tu templo, que venga a sumar, a respetar y a celebrar contigo.
El resto… mejor fuera.
Tu hogar, tu energía, tu paz.
Cuídalos siempre.