Uno de los primeros recuerdos que tengo en el Villamarín y que me formaron como bético fue un Betis-Depor en el que nos metieron 3 o 4.
Recuerdo cómo todo el estadio sacó sus bufandas al aire y empezó a cantar tras el último gol.
Oeeee, musho Betis eeee, oeeeee, musho Betis eeeee, oeeeee...
Me sentí superado, orgulloso de ser partícipe de aquella demostración de amor incondicional, y desde aquel momento supe que así iba a ser mi beticismo.
Así he visto al equipo levantar dos Copas del Rey, entrar en Champions League o llegar a una final europea, y también lo he visto firmando 25 puntos en una temporada y recibiendo cuatro goles de la Ponferradina en otra. Porque siempre, siempre, los resultados han dependido de acertar con los fichajes, tener un buen entrenador y tener algo de suerte, no de una mal llamada exigencia que, por otro lado, se ha demostrado llenando las calles de la ciudad cuando ha sido necesario.
También he visto cómo jugadores mediocres se convertían en indispensables por el calor de la grada, y cómo algunos ídolos volvían tras fracasar en equipos donde no eran nadie, donde nadie les cantaba qué bonitos eran sus goles.
Cada uno puede hacer en el estadio lo que crea conveniente, pero mi forma de entender el Betis es la de animar cuando las cosas van mal, porque animar cuando van bien lo hace cualquier afición. Y la afición del Betis no es cualquiera, o no debería convertirse en eso.
#CreoentiBetis
Hay frases que parecen de fútbol, pero en realidad hablan de cómo entender la vida con cabeza fría.
Manuel Pellegrini, entrenador del @RealBetis hoy en @abcdesevilla:
“No podemos pensar que porque el equipo perdió va a seguir perdiendo y porque ganó va a seguir ganando.”
¡ATENCIÓN! ⚠
¡Sorteamos 1 camiseta de la primera equipación!
👕😱
Requisitos 👀👇
1⃣ Seguir a @RealBetis.
2⃣ Seguir @hummelspain.
3⃣ Dar like y hacer repost a esta publicación.
Superé la despedida de Joaquín en su día, las de Capi, Edu... Superé las de Canales, Guido, Fekir y compañía. Superaré sin problemas las de Antony y Cardoso.
Pero hay una que sin vivirla aún, jamás voy a superar: La de Don Manuel Pellegrini. Ese día el vacío será irrecuperable.
Ayer en caliente habría escrito cosas de las que hoy, quizás, me arrepentiría. Pero lo que sí sigo manteniendo es que la mayor decepción del año la tengo clara: el Villamarín.
Metedme los palos que queráis, pero somos más que nunca y animamos menos que cuando éramos 35.000.