Mons. Georg Gänswein, exsecretario del Papa Benedicto XVI, afirmó que tiene la esperanza de que se abra el proceso de beatificación del Pontífice alemán, fallecido el 31 de diciembre de 2022. https://t.co/GlmVVXHM52
🚨🇬🇧 | Un soldado británico explotó contra un policía que encubre los delitos de musulmanes en Reino Unido: “Sacrifiqué mi vida para garantizar la libertad de este país y su libertad de expresión... Y ahora arrestan personas por hablar mientras hacen la vista gorda ante los crímenes cometidos por invasores. Sos una vergüenza para el uniforme y un insulto para el mío”.
Future President of the United States, and current Vice President, kneels before the rock where the body of Jesus Christ was laid before his Resurrection. This is the proper order of things for a Christian Nation.
El vicepresidente de EE. UU. visitó hoy el Santo Sepulcro, donde fue sepultado Cristo.
Esa es la visita que un católico debe hacer en Jerusalén, no al muro de los lamentos, que es un ritual de humillación y de sumisión.
Televisión 'Palestina':
"Todos los homosexuales, sin excepción, deberían ser asesin@dos. Quem@rlos vivos, arroj@rlos desde un lugar alto o apedre@rlos hasta la mu3rte."
¿Qué piensan los Queers por Palestina sobre esto?
El comunismo marxista no es compatible con el cristianismo ni puede serlo; se da una incompatibilidad radical. Dicho de otro modo, repugna a la inteligencia la noción de cristianismo marxista, debido a un insalvable principio de contradicción entre los dos términos.
No me estoy refiriendo aquí a la famosa frase de Marx «la religión es el opio del pueblo», aunque haya que tenerla en su debida cuenta. El opio del pueblo (das Opium des Volkes), para este autor, constituye una ilusión que, de algún modo, narcotiza y paraliza al pueblo, impidiéndole que, dejando atrás la felicidad ilusoria y la miseria real, alcance la felicidad real. Cuando Marx escribe esto, está diciendo que la religión surge espontáneamente de la miseria del hombre; éste la crea, porque su miseria real le convierte en un ser menesteroso de un mundo de ilusiones, a fin de poder seguir respirando. Cabe decir que Marx, en su célebre obra El capital (Das Kapital), critica sobre todo el desarrollo burgués del cristianismo, a saber, el protestantismo y el deísmo. Sea como sea, este postulado, aunque anticristiano, no supone la primordial incompatibilidad entre el cristianismo y el marxismo.
Tampoco estoy pensando en los nefastos efectos que el criminoso comunismo ha causado a lo largo de la historia, asesinando masivamente a inocentes y martirizando también a multitudes de cristianos. Estos hechos, aunque horrendos, no tienen razón de causa, sino de efecto.
La incompatibilidad radical del comunismo marxista con el cristianismo no la encontramos, pues, en postulados singulares o en efectos ulteriores y extrínsecos, sino en su propia naturaleza. Esto mismo lo supo ver muy bien el papa Pío XI cuando, en su encíclica Divini Redemptoris (1937), calificó al comunismo de intrínsecamente perverso (intrinsecus pravus). Dicho de otro modo, según la enseñanza de la Iglesia, se deduce la perversidad y pravedad del comunismo de su propia naturaleza intrínseca.
Por ende, como el obrar sigue al ser (operari sequitur esse), de la naturaleza perversa del comunismo, únicamente pueden surgir efectos perversos y depravados. Esta pravedad intrínseca estriba en que el comunismo no es una acumulación de teorías particulares y yuxtapuestas, sino, más bien, una mentalidad o ideología totalitaria, en el sentido de que supone, específicamente hablando, una cosmovisión total que pretende abarcar toda la realidad y vida del hombre. O sea, no puede existir un marxismo a la carta que, como pretenden algunos, se centre sólo en el análisis económico-social o en algún aspecto concreto de su filosofía; de ningún modo. El marxismo es totalitario y totalizante; éste supone un todo absoluto que no tolera ni puede tolerar ningún elemento externo que pueda comprometer dicho carácter absoluto y exhaustivo.
Esta absoluta cosmovisión (Weltanschauung) se basa en el materialismo dialéctico, a saber, no en la materia estática, sino en la materia susceptible de ser transformada dinámicamente por el hombre mediante su trabajo; de hecho, él mismo es reducido también a pura materia en constante evolución.
En consecuencia, en esta evolución perpetua de carácter dialéctico y materialista que constituye la propia esencia o naturaleza del comunismo, se llegaría, según los postulados marxistas, a la superación no sólo de la propiedad y de la familia, sino también de la religión. Por lo tanto, la religión, para el marxismo, no sólo es una suerte de narcotizante que le impide liberarse de su miseria real, quedando anclado en sus ilusiones, sino que ella es una superestructura que deberá ser necesariamente superada por la antedicha dialéctica, habida cuenta de que el marxismo contiene inherentemente, en su propia naturaleza, la propensión a superarla, o sea, a aniquilarla. Es por esta profunda razón, pues, que el marxismo es esencialmente ateo y anticristiano.
Por otra parte, la religión católica también comporta una cosmovisión totalizante y universal; abraza todos los aspectos de la vida del hombre, y, por consiguiente, no admite ni puede admitir lógica, ontológica y teológicamente una mixtura heterogénea con otra cosmovisión totalizante y universal, en este caso la comunista marxista, la cual no sólo es substancialmente distinta, sino que contiene en sí misma un principio de contradicción esencialmente antireligioso y, consecuentemente, antidivino; he aquí, pues, la raíz de la perversidad intrínseca del marxismo y la incompatibilidad consecuente con el cristianismo.
Por todo lo que hasta aquí he expuesto, resulta abominable y absurda la tolerancia que la Iglesia, en las últimas décadas, ha tenido respecto de la llamada Teología de la Liberación, esto es, de una pseudoteología que ha causado y sigue causando tantos estragos en Hispanoamérica.
Muy señores míos, la marxistización del cristianismo en general y de la teología en particular es un estúpido intento, aunque con víctimas —muchas almas y pueblos se han perdido—, equivalente a la realización de la cuadratura del círculo, porque una teología tal nunca puede llegar a ser plenamente marxista, pero tampoco católica; ambas cosmovisiones totalizantes y recíprocamente excluyentes se lo impiden. A lo sumo, los epígonos de dicha pseudoteología han engendrado un monstruoso híbrido, capaz de proclamar osada y blasfemamente que Cristo fue el primer revolucionario social-comunista de la historia.
Ante el silencio del mundo, difunde el genocidio que están sufriendo los cristianos en Nigeria.
¡Benditos sean nuestros mártires que silenciosamente mueren por seguir a Cristo!
La Plaza de San Pedro no es un ‘entorno’ genérico: es el corazón físico y simbólico de la Iglesia Católica, no un escenario para un espectáculo ecuménico globalista. El ‘mensaje universal’ que menciona, cuando se implementa rebajando los signos cristianos a meros detalles decorativos y elevando simbolismos masónico-protestante, no es fraternidad: es sincretismo y capitulación.
La verdadera caridad no consiste en diluir la Verdad para que quepa en todos los moldes, sino en proclamarla con claridad y firmeza. Lo que se vio no fue apostolado, sino una pérdida de identidad. San Pedro recibió la encomienda de ‘confirmar a sus hermanos’ en la fe, no de disolverla en un cóctel light de "espiritualidad de nirvana", gospels protestantes, narrativa ideologizante, "vestiditos elegantes" en apóstatas, donde drones con símbolos masónicos CORONAN la Basílica que guarda su tumba.
Cuando tus íconos femeninos son las Karol G del mundo, en lugar de mujeres santas que cambiaron la historia y el rumbo de las naciones como Santa Olga de Kiev, sabes que la iglesia ha perdido su rumbo.
Cuando invitas a la Basílica de San Pedro a personas que no solo viven vidas contrarias al Evangelio de Cristo, peor aún, lo promueven con sus inmensas plataformas, sabes que no se trata de avanzar el reino de Dios, sino ganarse la aprobación del mundo.
El espectáculo que se puso el Vaticano en el supuesto concierto "Gracia para el mundo", transmitido en vivo por Disney (esto debería decirte suficiente), promoviendo jerga masónica como "fraternidad universal", abogando por "eliminar las constricciones de las religiones", y diciendo que la gracia divina es una fuerza impersonal dentro de todos los seres humanos, un mensaje más propio de la ficción de Star Wars que a la verdad del Evangelio, no tiene nada que ver con promover a Cristo y a Él crucificado, sino otra señal reveladora de que quienes dirigen y financian occidente.
Los anticristos se han filtrado en todas nuestras instituciones y con su inmenso poder financiero, están corrpiendo la Cristiandad desde dentro.
Entienda quien pueda ...
No se me va esta imagen de la cabeza. Solo tuvo 15 segundos para procesarlo todo, el tiempo suficiente para que su cuerpo le dijera que iba a morir y por eso comenzó a llorar. Es lo más duro que he visto en mi vida.
WALES
Orthodox Jews have DISMANTLED a CROSS which had been atop a hill in Llandudno for 50 YEARS
The THUGS then rearranged the Cross into a STAR OF DAVID