Dos funerales del mismo país:
Uno de quien sembró violencia, bien escoltado por el Estado.
Otro de quienes la vivieron, bien olvidados por el mismo.
México es un absurdo que duele.
México, país donde a uno de los más grandes narcotraficantes lo sepultan en un ataúd de oro mientras madres buscadoras tienen que conformarse (con suerte) con los restos de sus hijos en fosas clandestinas