1/ Trump asistía a las peleas de lucha libre profesional. Allí aprendió lo que el politólogo David Moon estudió: el público sabe que las peleas son falsas, que los resultados están arreglados.
Y no le importa.
@vincent_adulto Zizek es como un oráculo descompuesto: en medio de toda esa cháchara y exceso se revela, como en la mística, la Verdad. Es muy cruel y muy injusto compararlo con Han.
-Canciller: antivacunas, proteorías de la conspiración, antimultilateralista y homófobo.
-Ambiente: negacionista del cambio climático.
-Hacienda y deporte: cuota nepotista.
-Educación: homófoba, antiderechos, sin experiencia en educación.
-Agricultura: latifundista, con denuncias de entregar subsidios de campesinos a grandes ganaderos.
-Vivienda: destituido y con serias denuncias de corrupción.
-Transporte e Interior: cuotas politiqueras de los de siempre.
Para Mariano Rajoy, ex presidente de España, Francia "juega sin franceses". Veamos esta declaración racista desde una perspectiva decolonial:
Al Occidente moderno lo fundan dos mitos. El primero es el que establece a Grecia como una excepcionalidad histórica que se hizo así misma. Según esta visión, la civilización pasó linealmente de Grecia a Roma y de esta última a Europa. En ese contexto, el llamado descubrimiento del "nuevo mundo" por parte de europeos implicó llevar lo humano y civilizado a tierras oscuras. Y en tanto fue gente de fenotipo blanco la creadora de lo civilizado, pues ese fenotipo blanco es la referencia de todo lo humanamente elevado. Surgiendo así la idea de raza sobre la que se funda el racismo occidental. Del que Europa/Occidente nunca logra salir. Y ahora, en el marco del mundial, el “moderado” Rajoy lo recuerda. El otro mito dice que Occidente se constituyó como producto histórico interno. Según esta narrativa lo occidental es algo que debemos entenderlo desde dentro. Como un proceso propio y específico.
El problema con estos dos mitos es lo que ocultan. Primero, que Grecia fue una civilización afroasiática (como mostró ampliamente Bernal) que construida a partir de sus vínculos con África por la vía del Egipto antiguo (civilización de origen negro) y con la antigua media luna fértil en lo que hoy es Medio Oriente. Grecia estaba inscrita en un circuito civilizacional mediterráneo que tuvo su primer centro en Egipto y luego en la propia Grecia. No fue una civilización hecha a sí misma.
Segundo, que Occidente moderno se constituyó tal como lo conocemos hoy a partir de su encuentro con su otro externo: el negro africano y el indígena de las Américas. Lo occidental, como identidad histórica, surgió de ese encuentro brutal a partir del siglo XV. Donde por primera vez en la historia Europa/Occidente se hizo centro del mundo; antes era una periferia de escasa relevancia (Dussel). En ese contexto fue que el fenotipo no blanco se ubicó por debajo de lo humano. Y, por tanto, o bien se le esclavizaba y despojaba de historia (el negro) o se le inscribía en relaciones de dependencia y dominación legal (el indio mediante las encomiendas como forma de enmascarar su esclavización). El pensamiento moderno occidental, incluso, se formó sobre la base de esta relación. Las obras de autores fundantes de la epistemología moderna como Bacon (Novum Organum) y Descartes (Discurso del método) lo demuestran.
Europa, entonces, siempre vuelve a esa matriz de imaginada superioridad racial. Reafirmarse en su blancura y, así, poner lo blanco como condición necesaria para pertenecer a lo europeo. El nacionalismo étnico surgido en el contexto del romanticismo (siglos XVIII y XIX) fue una clara expresión de esto. Un francés tiene que ser blanco. No basta con nacer y criarse en Francia. La selección francesa es africana porque la mayoría son negros. Aunque, de hecho, Francia sea una de las selecciones con menos nacionalizados en todo el mundial. De 26 jugadores solo tres no nacieron en suelo francés. Pero no importa. Son negros y árabes. Es decir, no son igualmente humanos a nosotros la gente blanca y civilizada de Europa.
En fin, el racismo y nacionalismo étnico europeo vienen de muy atrás. De mitos fundantes que siguen vigentes. Nada de esto debe sorprender. Menos en estos tiempos de derechización y fascismo normalizado.
En Brasil están atribuyendo el declive de su selección de fútbol al avance del evangelismo. Y no me parece descabellado pensarlo. Por lo siguiente:
1. El fútbol brasileño tenía una identidad enraizada en la exuberancia, fiesta y colorido propios de una cultura hija del sincretismo entre lo católico y los imaginarios religiosos de origen africano. Cuando Brasil arrasaba en los mundiales sus jugadores llegaban a los estadios cantando samba y tocando tambores afrobrasileños. El juego en la cancha no era más que la extensión del festejo. Pero así era cuando los jugadores eran católicos y practicantes del sincretismo afrobrasileño. Hoy los jugadores de Brasil son mayormente evangélicos. Y el evangelismo, dada su matriz dispensacionalista y su escatología cerrada, expulsa toda forma de sincretismo: de diversidad. Es decir, acaba con el fútbol-fiesta. Los actuales jugadores de la selección brasileña llegan rezando a los partidos...Ahora tocar los tambores e invocar los santos del sincretismo afrobrasileño es cosa del diablo. Está muy mal visto. Se volvieron tristes, marciales y predecibles. Tanto en sus vidas como en la cancha.
2. En el catolicismo cuando uno se equivoca o le va mal debe reflexionar y buscar causas para mejorar. En la escatología evangélica ya todo está escrito. Si ganan el mundial es porque Dios así lo quiso. Y si pierden estrepitosamente como ahora es porque los tiempos de Dios son perfectos...En tales condiciones el jugador nunca es responsable, en última instancia, de los malos resultados. Se busca ganar y mejorar, pero siempre pensando en que pase lo que pase todo está en manos de Dios quien de antemano determina lo que va a pasar.
3. El evangelismo que llega a Brasil (y al resto de América Latina) es individualista. Es una religiosidad que articula la noción calvinista del esfuerzo individual como devoción por Dios, con la teología de la prosperidad neopentecostal. El evangélico privilegia lo individual frente a lo colectivo. La salvación es de cada uno. El fútbol brasileño de los Pelé, Garrincha, Zico, Ronaldo, Romario, Rivaldo y Ronaldinho (cuando Brasil era insuperable en la cancha) tenía un componente profundamente colectivo tanto en su aspecto táctico como estético. Cosa muy difícil de cultivar hoy en jugadores evangélicos que se ven a sí mismos como actores individuales cada uno en búsqueda de su salvación privada.
4. El evangelismo es severo y castigador. Mientras que el catolicismo (sincrético) que imperaba en Brasil era abierto y matizado. Esto amplía la creatividad y la búsqueda de distintas opciones. El futbolista brasileño del jogo bonito era ante todo creativo. Veía los partidos cerrados como algo a superar creando e inventando jugadas. Hoy, con jugadores evangélicos, la selección brasileña luce predecible y sin imaginación.
En fin, invito a que sigan el debate que hay hoy en Brasil en relación a lo que consideran son los efectos nocivos del evangelismo en la identidad de su fútbol. Porque ese debate puede extrapolarse a muchos otros ámbitos de esa sociedad. Y, por tanto, a cualquier otro país latinoamericano donde el evangelismo haya sustituido a la matriz católica (sincrética) como religiosidad mayoritaria. Al final, estos discursos de odio, vaciamiento democrático y destrucción de lo público que vemos en nuestros países no vienen de la nada.
De un momento a otro defender paramos, ecosistemas sensibles y áreas del sistema de parques se volvió algo de comunistas y petristas, la gleba cada vez es más estúpida, pero ahora es estúpida y violenta.