Ese discursito de “una cosa es lo ético y otra lo ilegal” me lo sé de memoria. Y sí, jurídicamente es cierto: no todo lo antiético es delito, no todo lo inmoral es ilegal y no toda ilegalidad es automáticamente ilegítima.
Pero precisamente por eso preocupa tanto escuchar ese argumento en boca de alguien que pretende gobernar un país entero.
Porque un presidente no es un litigante defendiendo procesalmente el mínimo margen de responsabilidad penal posible. Un presidente no puede aspirar simplemente a “no cruzar la línea de la ilegalidad”. Eso es el estándar mínimo que se le exige a cualquier ciudadano. Gobernar exige muchísimo más.
También necesita ética pública, autoridad moral y legitimidad democrática. Y la legitimidad no nace únicamente de ganar elecciones o de no cometer delitos; nace de la confianza social sobre las decisiones que toma, sobre los intereses que representa y sobre los límites que se impone incluso cuando la ley no lo obliga expresamente.
ADLE terminan reduciendo el debate público a una lógica de “si no es ilegal, entonces cuál es el problema”. Y no. En política, especialmente en una democracia constitucional, hay conductas que pueden no ser delictivas y aun así destruir la confianza pública, deteriorar las instituciones y romper el pacto social.
Por eso la ética importa. Porque la ley jamás alcanza a regularlo todo. Ningún ordenamiento jurídico puede prever cada conflicto de interés, cada abuso de poder simbólico, cada práctica clientelista, cada presión indebida o cada actuación oportunista.
Además, me parece simplista, superficial y patético que un candidato a presidencia, limite su discurso a explicar diferencias conceptuales que cualquier estudiante de derecho aprende desde primeros semestres.
Women are sharing live locations, checking the backseats of cars, carrying their keys between their knuckles and holding their hands over their drinks.
Men are doing 3 hour podcasts about how unfair it is that women don't smile at them.
Déjame me termino mi matcha y mi torta de zanahoria sin gluten y te explico por qué la gente del Magdalena Medio debe vivir atemorizada y encerrada, para que yo pueda poner en mis historias de Instagram que defiendo a los hipopótamos porque ellos no tienen la culpa.
Vamos a dejar las cosas claras, @AlvaroUribeVel:
Como ha quedado establecido por la justicia nacional e interamericana, mi padre fue un Senador de la República asesinado por la extrema derecha a la que usted pertenece, y con justificaciones como las que usted usa.
Como ha quedado establecido por la justicia nacional, su hermano Santiago es un criminal condenado a 28 años de cárcel, jefe de la banda paramilitar los 12 apóstoles y autor de masacres de campesinos en Yarumal.
Esa es la verdad pura y simple. Y así queda para la Historia.
Que tal algunos de mis amigos y amigas de los barrios populares del sur de Bogotá y del occidente votando en consulta por el que les pareció el menos derechoso de la manada solo porque habló bien de Petro.
Oigan aquí vamos es por la universidad pública y gratuita en el sur y el occidente de Bogotá, aquí vamos es porque el viejo tenga una pensión para alegrar sus días como se merece.
Aquí estamos es para defender el salario vital a como de lugar. Es la vida de la familia, de los hijos y del prójimo. Lo demás son plumas y lentejuelas.que esconden a los vampiros.
Este es el vivo ejemplo de que ser mujer, homosexual o afro no es transformador en sí mismo. Se necesita perspectiva histórica y de clase para realmente lograr representaciones subversivas. Académicas y comunidades llevan décadas diciéndolo. Hay que repetirlo hasta el cansancio.
Que Paloma Valencia, de los VALENCIA, tenga un cuadro de Oswaldo Guayasamín en su casa es lo más contradictorio del mundo….
Seguramente lo pusieron ahí estratégicamente a última hora en una de esas decisiones del whitewashing que pretenden hacerle 🙄