“La profundidad es un lujo.
Terminar un libro. Conversar sin un teléfono sobre la mesa. Dedicar más de diez minutos a reflexionar sobre un problema. Escuchar un álbum completo. Escribir sin interrupciones. Estar en un lugar sin sentir la necesidad de publicarlo.
En un mundo que vende distracción masiva, la atención sostenida se ha convertido en el privilegio de quienes deciden. Y viven.“
A veces me pregunto hasta qué punto nuestra percepción de la realidad acaba deformando la propia realidad.
Estos días lo veía con el fenómeno de .
Miles y miles de personas comprando entradas.
Colas interminables.
Hoteles llenos.
Personas emocionadas.
Gente disfrutando y siendo feliz durante horas.
Y, aun así, aparece otro porcentaje de personas absolutamente enrocadas en el mismo discurso: “no canta bien”,
“no se le entiende”,
“no entiendo cómo puede gustar”.
Y ahí aparece una reflexión interesante.
¿Quién tiene razón?
¿Los millones de personas que conectan emocionalmente con su música?
¿O quienes necesitan argumentar constantemente por qué ese éxito “no debería existir”?
Quizás el problema es que muchas veces el ser humano vive obsesionado con tener razón, en lugar de intentar entender por qué algo conecta con tanta gente.
Porque cuando un artista llena dos estadios en Barcelona y diez en Madrid, quizá ya no estamos hablando únicamente de música.
Estamos hablando de impacto cultural, emocional y generacional.
Y eso no significa que te tenga que gustar.
Pero sí debería hacernos reflexionar sobre algo: la realidad no desaparece solo porque no encaje con nuestra percepción de ella.
Tal vez una parte importante de la madurez consiste en aceptar que algo puede no resonar contigo… y aun así ser extraordinariamente valioso para millones de personas.
Menos necesidad de imponer criterio.
Más curiosidad por entender el mundo que viven los demás.
Probablemente viviríamos más ligeros.
El 90% de tus problemas no se van a arreglar por ir al gym, comer sano o dormir bien.
La vida real es más desordenada: hay cosas que no dependen de ti, decisiones que pesan y momentos donde nada “funciona”.
Pero igual haz ejercicio, come bien, toma café, duerme bien, trabaja en algo que te guste… no para solucionarlo todo, sino para no romperte en el proceso.
everyone you meet is carrying something you can’t see.
some are healing, some are hurting, some are just trying to get through the day. you only see a small part of their story.
so be kind.
it might mean more than you know. ❤️
Anoche había 2 butacas vacías. Solo 2, en la fila 3. Antes de empezar la función me explicaron que esas entradas las habían comprado Javi y su mujer, Geni.
Javi falleció en el terrible accidente de Adamuz.
Así que, en un momento dado, paramos la función, miramos esas butacas vacías y le dedicamos la función a Javi. Y le mandamos toda la energía de un teatro lleno (es mucha, creedme) a Geni, para que encuentre la fuerza para tirar p,alante.
El aplauso fue largo, muy largo. Podía haber durado minutos si yo no empiezo a hablar, y me costó, porque no era la única con una pelota enorme atravesada en la garganta.
Luego retomamos, ya sabes, “show must go on”. Pero durante unos minutos esas butacas vacías fueron protagonistas capaces de hablar, transmitir y conmovernos hasta ponernos la piel de gallina.
El teatro. La vida. La muerte. Y todos fuimos uno. Y dentro de la tragedia, nació un momento bonito y único.
Y la función dedicada a Javi salió perfecta. No les podíamos dar menos.
La autoexigencia y el perfeccionismo elevados suelen tener una historia detrás. Muchas veces surgen en contextos donde el reconocimiento estaba ligado a cumplir expectativas: cuando se reforzaban los logros más que el esfuerzo, cuando el error se vivía como decepción, o cuando sentirse querida o querido dependía de hacer lo que se esperaba.
En otras experiencias, el acoso escolar o la sensación de ser diferente enseñan que encajar implica vigilarse, corregirse y no desentonar. La exigencia interna aparece entonces como una forma de protección: hacerlo todo bien para reducir el riesgo de rechazo.
Con el tiempo, esa presión se interioriza. Ya no hace falta que nadie exija desde fuera, la voz está dentro. Comprender de dónde viene no elimina el malestar, pero permite empezar a preguntarse si esa forma de funcionar sigue siendo necesaria hoy.
Honestly? Busyness.
Being “always busy” is praised like a virtue even when it’s just avoidance, burnout, or running from yourself.
A few others that fly under the radar 👀
•Phone scrolling (but we call it “staying informed”)
•Work (especially when it replaces a personality)
•Caffeine (don’t talk to me before my coffee 😵💫)
•Validation (likes, views, attention socially rewarded dopamine)
•Overworking out (health, but actually control)
If it destr0ys your peace but improves your image, society will clap for it.
Pensamos que nos quedan 20, 40 o 50 años de vida. Pero es mentira. La vida se mide en veces.
Te pongo un ejemplo:
A mí me vuelve loco esquiar.
Pero siendo realistas, voy 2 veces al año.
El año que voy 3, ya soy un privilegiado.
Si asumo que me quedan 15 años esquiando a tope, la cuenta sería así:
• No me quedan 15 años de esquí.
• Me quedan 30 veces.
• Solo voy a subir a la nieve 30 días más en toda mi vida.
Lo mismo pasa con la gente.
Piensa en ese primo al que ves solo en las comidas familiares.
Si lo ves una vez al año durante 3 horas y crees que te quedan 20 años de vida…
Realmente te quedan 60 horas con él. Un fin de semana largo.
Eso es todo lo que te queda antes de morirte.
Es una mierda. Una mierda pinchada en un palo.
Cuando hago este cálculo, me entra la paranoia.
Miro fotos mías con 18 o 20 años y pienso que tenía que estar saltando de felicidad. Pero no me enteraba de qué iba la película.
En esa época regalaba los minutos. Pasaba la vida como si nada.
La vida es súper injusta en eso. Pero hacer este cálculo te obliga a dejar de regalar el tiempo y aprovechar hasta el último segundo.
No te quedan años. Te quedan momentos.
Aprovéchalos.
Pacientes ingresados en hospitales de Córdoba pidiendo el alta, xq quieren dejar sus camas para los heridos de Adamuz
Pacientes esperando en Urgencias que se marcharon en cuanto vieron llegar a los primeros heridos
Como en todas las tragedias, la ola de solidaridad es increíble
Estos acontecimientos me hacen pensar sobre la aleatoriedad de nuestra existencia. Cómo la vida puede cambiarte en un segundo por coger un tren. Mis pensamientos están con quienes por esa misma aleatoriedad hoy van a pasar una de las peores noches de sus vidas. Mucha fuerza.
Estaría bien que por una puñetera vez, en situaciones tan dramáticas como la que estamos viviendo con el accidente ferroviario de #Adamuz, dejáramos de ser unos miserables, aparcáramos la política y fuéramos un poco más empáticos con las familias de las víctimas y los heridos.
Los alumnos de primaria de un colegio de España han convertido “La Perla” de ROSALÍA en un poderoso himno contra el bullying.
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