Ofrezco mis servicios!
Me mandas un puzzle, te lo hago y te lo devuelvo para que lo puedas colgar.
Mi precio: Gratis, solo quiero hacer puzzles y no acumularlos en casa jajajaja
Se que nadie querrá, pero se tiene que intentar 😂
Hoy lunes 5, víspera de Reyes, me han dado el disgusto de mi vida. He esperado a última hora de la noche para sacar todos los juguetes que tenía guardados en el trastero y llevarlos en mi coche al domicilio.
Pues bien, algún desaprensivo me ha vaciado el maletero.
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Ayer por la tarde venía con mi hija, regresando de su clase extracurricular.
—¿Papá, qué vas a hacer ahorita?
—Te dejo en la casa y me voy un rato a la oficina. Tengo pendientes y ya sabes: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. ¿Por qué, mi amor?
—Es que ya terminé la tarea… y la verdad no se me antoja llegar todavía. Pero si tienes que trabajar, ni modo.
Veníamos por la costera, así que en el primer acceso a playa que vi, giré sin avisar.
—¿A dónde vamos? —me preguntó, con los ojos bien abiertos.
—Ya verás. Quítate los tenis, vacía las bolsas, déjalo todo aquí y sígueme. Me estacioné, abrí su puerta, esperé a que quedara descalza y la jalé corriendo hacia la arena.
—¡Lavas el carro el sábado si no te echas al mar vestida como estás!, le grité, y salí disparado hacia las olas.
Sin pensarlo dos veces, corrió y se lanzó de cabeza. Chapuzón épico. Después salimos chorreando, felices, y caminamos un buen rato por la orilla.
Hablábamos de todo y de nada; luego callábamos y, en ese silencio, nos decíamos muchísimo más. De pronto la miré y vi dos lágrimas rodándole por las mejillas.
—¿Por qué lloras, mi cielo?
—Es que… estoy tan feliz, papá.
Y entendí, una vez más, que la felicidad no es un lugar lejano ni una fecha en el calendario.
Está aquí, en una tarde cualquiera…
si queremos girar el volante,
si estamos dispuestos a mojarnos,
y si nos mantenemos abiertos a ella.
Y también que si, que si hay cosas que bien que valen la pena dejarlas para mañana.
Por si alguien tiene algún ser querido con demencia, lean esto
“SI ME DA DEMENCIA…..
Me gustaría que mi familia colgara esta lista de deseos en la pared donde vivo. Quiero que recuerden estas cosas.
1a. Cada vez que entres en la habitación, anúnciate. “Hola papá, soy Amanda.”
NUNCA preguntes- ¿Sabes quién soy yo??? Eso causa ansiedad.
• Si me da demencia, quiero que mis amigos y familia abracen mi realidad.
• Si pienso que mi cónyuge aún está vivo, o si creo que estamos visitando a mis padres para la cena, déjame creer esas cosas. Estaré mucho más feliz por ello.
• Si me da demencia, no discutas conmigo sobre lo que es verdad para mí versus lo que es verdad para ti.
• Si me da demencia, y no estoy seguro de quién eres, no lo tomes personal. Mi línea de tiempo me confunde.
• Si me da demencia, y ya no puedo usar utensilios, no empieces a darme de comer. En cambio, cámbialo a una dieta de comida con los dedos, y ve si aún puedo alimentarme yo mismo.
• Si me da demencia, y estoy triste o ansioso, toma mi mano y escucha. No me digas que mis sentimientos no tienen fundamento.
• Si me da demencia, no quiero que me traten como a un niño. Háblame como al adulto que soy.
• Si me da demencia, aún quiero disfrutar de las cosas que siempre he disfrutado. Ayúdame a encontrar una manera de hacer ejercicio, leer y visitar con amigos.
• Si me da demencia, pídeme que te cuente una historia de mi pasado.
• Si me da demencia, y me agito, tómate el tiempo para averiguar qué me está molestando.
• Si me da demencia, trátame de la manera en que querrías ser tratado.
• Si me da demencia, asegúrate de que haya muchos bocadillos para mí en la casa. Incluso ahora, si no como, me enojo, y si tengo demencia, podría tener problemas para explicar lo que necesito.
• Si me da demencia, no hables de mí como si no estuviera en la habitación.
• Si me da demencia, no te sientas culpable si no puedes cuidarme 24 horas al día, 7 días a la semana. No es tu culpa, y has hecho lo mejor que pudiste. Encuentra a alguien que te pueda ayudar, o elige un gran nuevo lugar para que viva. ¡Con un autobús y actividades!!
• Si me da demencia, y vivo en una comunidad de cuidado para demencia, por favor visítame a menudo.
• Si me da demencia, no actúes frustrado si confundo nombres, eventos o lugares.
Toma una respiración profunda. No es mi culpa.
• Si me da demencia, asegúrate de que siempre tenga mi música favorita sonando al alcance del oído.
• Si me da demencia, y me gusta recoger objetos y llevarlos por ahí, ayúdame a devolver esos objetos a su lugar original.
• Si me da demencia, no me excluyas de fiestas y reuniones familiares.
• Si me da demencia, sabe que aún me gusta recibir abrazos o apretones de manos.
• Si me da demencia, recuerda que aún soy la persona que conoces y amas.”
ᴄᴏᴘʏ ᴀɴᴅ ᴘᴀsᴛᴇ en Honor de alguien que conoces o conociste que tiene demencia. En Honor de todos aquellos que conozco y amo y he perdido que están luchando contra la Demencia/Alzheimer’s.”
Últimos versos escritos, antes de entrar al mar e irse, un día como hoy, de 1938:
"Ah, un encargo:
Si él llama
nuevamente por teléfono
le dices que no insista,
que he salido."
Alfonsina Storni
1990: “Visual Basic lo hace todo con arrastrar y soltar.”
2005: “Rails matará a todos los demás frameworks.”
2008: “Con App Inventor cualquiera podrá crear apps.”
2010: “Con jQuery ya no necesitas entender JavaScript.”
2012: “Con apps móviles ya nadie escribirá backend.”
2018: “Serverless eliminará los servers 😂”
2021: “Copilot reemplazará a los programadores.”
2024: “La IA generativa escribe sistemas completos.”
Proximamente...2026: “Los agentes autónomos se "autodeployan" .”
Cada vez que aparece una nueva herramienta, alguien grita “la programación ha muerto”.
Y cada vez que algo falla… alguien tiene que leer logs, entender dependencias y arreglar el desastre.
La programación no muere.
Solo evoluciona más rápido que los que creen haberla enterrado.
Elogio del error
El otro día estaba viendo una vieja película del oeste con mi hijo, de esas de John Wayne y fuertes en mitad del desierto. La película no me interesó excesivamente, pero cuando el séptimo de caballería atacaba a un grupo de apaches, uno de los extras que iba a caballo, sin que pudiera evitarlo, miró a cámara. Un segundo más tarde, otro se tiró al suelo antes de que los indios dispararan. Errores que sacarían de quicio al director en su momento, pero que, en una tarde de 2025, a mí me maravillaron.
Acostumbrado a la limpieza estética de las series y películas de nuestra época, por fin veía algo de verdad. Personas como yo, cometiendo errores como yo. Y eso me reconfortó. Pero me hizo pensar en algo más.
En futuro valor del error.
Con la llegada de la I.A., cada vez vamos a tener una sociedad, una cultura, una literatura más impecable. Me comentaba el otro día un amigo profesor que los alumnos ya no escriben con errores ortográficos. Antes de entregarlos, todos pasan sus textos por ChatGPT para eliminar impurezas.
Todo lo que se escribe cada vez va a estar mejor y, sospecho, también, cada vez va a estar peor.
Esto es algo que me da pudor confesar, pero quien me conoce y me sufre (mi editor, mis correctores, mis amigos) lo sabe bien. Cuanto mejor escribo, cuanta más emoción pongo en mis narraciones, cuanto más me desvistos entre palabras… más errores tipográficos cometo. Me como palabras, dejo letras bailando, se me van las tildes. Todo, porque me inunda la pasión y no puedo controlarla. Entro como en una especie de trance en el que no veo ni lo que estoy escribiendo. Y desde hace tiempo sé que cuándo mejor escribo es cuando más errores cometo.
Como ha sucedido con este texto, que comenzó en una libreta llena de tachones y borrones, aunque ahora lo leas digitalmente.
Lo que sale del corazón tiene fallos, pero son preciosos. Ojalá, empecemos a valorar el error, porque eso nos hará más humanos.
En Canadá 🇨🇦 ocurrió una escena que sorprendió al público: varios perros de asistencia sentados en las butacas de un teatro mientras se desarrollaba un musical. Lejos de ser un espectáculo aparte, formaba parte de su proceso de formación.
Estos animales, destinados a acompañar a personas con discapacidades, necesitan entrenarse para comportarse con calma en cualquier entorno. Por eso, sus guías los llevaron al Teatro Festival de Stratford, en Ontario, para presenciar la obra Billy Elliot: The Musical.
El ejercicio consistía en mantener la concentración pese a los aplausos, las luces, la música y los movimientos sobre el escenario. Y lo lograron: permanecieron quietos, atentos y sin distraerse, como si fueran espectadores habituales.
Con actividades como esta, los perros aprenden a desenvolverse en situaciones reales, de modo que cuando acompañen a sus futuros dueños puedan estar a su lado sin importar dónde se encuentren.
Mi madre, explicándome una receta:
Cuando oigas que está la cebolla, le echas un chorro de aceite a ojo y luego arroz y el tomate que tú veas que te pide, una pizca de sal y luego cuando escuches que está absorbiendo, a ojo le vas echando el agua que veas que te admite.
Yo: