A ver mis geys, veo que andan bien perdidos cuando hablamos de heteronorma y hasta piensan que uno los está insultando al usar esa palabra o que a huevo se les pide que sean afeminados. No, bebas.
El problema no es ser masculino. El problema es el paquete ideológico que viene con esa masculinidad que es parte de la heteronorma, ese sistema de creencias sociales que solo considera la heterosexualidad y hombre/mujer cisgénero como lo único válido.
Puedes ser gay, masculino, barbón, pelo en pecho, voz grave, ir al gym, no tener pluma y aun así entender que la masculinidad es una construcción social, que lo femenino no es inferior, que la lucha trans es tu lucha. Eso es posible. Créanme.
El problema es cuando la heteronorma no es solo una expresión de género sino una lealtad al sistema machista. Cuando ser masculino viene acompañado con el desprecio a lo femenino, distancia de las luchas trans, y necesidad de aprobación heterosexual.
Eso ya no es identidad. Ahí sí ya es ideología.
todos en los comentarios diciendo que son GAYSzz a ver si entienden q nooomM?? que tenemos que encontrarlos, escracharlos perseguirlosss mentiendemmm q no alcanzan los memes viejos los chistes vintage hay que prepararse chicas!!! todas al gymm now
🔴Parecen simples "gym bros", pero forman parte de una red de extrema derecha que se amplía en Argentina: la pantalla con la que reclutan varones
A través de los llamados "Active Clubs" y la cultura del fitness, células neofascistas desembarcan en el país. "Un gimnasio puede ser un aula política más eficas que cualquier panfleto", advierten.
Si hay algo que caracteriza a la derecha global en el siglo XXI es su eficacia para construir y encontrar terrenos fértiles donde expandirse, transformando el malestar social, la incertidumbre económica, la fragmentación, el miedo, la ira, el aislamiento y las inseguridades en sus principales activos políticos. Su estrategia es la identificación de poblaciones vulnerables o desplazadas, y la construcción de narrativas emocionales que buscan directamente llenar esos espacios y carencias. Justamente, en medio de un proceso sociocultural y político complejo que cuestiona los modelos tradicionales de familia, género y, particularmente, masculinidad, este sector parece haber encontrado en los gimnasios y lugares de entrenamiento físico las coordenadas justas para bajar sus ideas y doctrinas a una población hiper vulnerabilizada, sedienta de certezas, como son los varones jóvenes.
Es que la derecha reaccionaria y antifeminista se expande, sobre todo, a espaldas de la política tradicional, traccionada por actividades y dimensiones en teoría neutrales como el mundo del fitness. Este fenómeno es posible por un hecho previo: la crisis de representación que golpea hace décadas a partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales y espacios comunitarios, todas instancias colectivas que han perdido la exclusividad en los procesos de construcción política y toma de decisiones. Por el contrario, esos lugares compiten hoy por el reclutamiento y la producción de sentido con otros territorios como las redes sociales y plataformas. Utilizan como carnada el ejercicio y como anzuelo el discurso meritocrático, de mejoramiento individual, la autosuperación, la fuerza, el sacrificio, el liderazgo, la autonomía y la disciplina, todos valores y estándares asociados a un modelo de masculinidad que hoy no pueden sostener material o económicamente.
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