Mi terapeuta me dijo: "Deja de asumir que la gente está enojada contigo. Deja de intentar leer la mente de la gente. Deja de intentar controlar los pensamientos y emociones de los demás. Deja que la gente se controle a sí misma. Si tienen algo que decirte, lo harán y si no, es su responsabilidad, no la tuya. Pensar demasiado mata la felicidad". Y eso me golpeó como un ladrillo.
A mí no me preocupa cómo me cuenten o cómo me pinten, yo sé muy bien con quién fui luz y con quién tuve que defenderme, mis actitudes siempre fueron una respuesta, nunca un ataque; al final, cada quien carga con su conciencia, y la mia duerme tranquila.
Soy una mujer que trabaja, gana su dinero y resuelve. Obviamente voy a querer a un hombre que resuelva el doble o el triple de lo que yo resuelvo por mí.