1. La ilusión del "petrodólar" y el mito de la energía como respaldo
Fíjate que la narrativa oficial nos vende que el dólar es fuerte porque está respaldado por petróleo —los famosos petrodólares— y que, por tanto, quien controle la energía controla la economía global. Error de diagnóstico. Ese enfoque se queda en la superficie, en un economicismo vulgar que confunde causa con mecanismo. Vamos a subirnos un nivel más conceptual.
El petróleo no es el respaldo del dólar; el dólar es el respaldo del petróleo. Es decir: el sistema no funciona porque el petróleo se cotice en dólares, sino porque el dólar es la moneda de liquidación global, y el petróleo es solo uno de los commodities que se negocian en ese sistema. Pero aquí está la trampa: el dólar no necesita respaldo físico. Lo que necesita es una red de deuda perpetua que obligue al mundo a usarlo.
Como decía en Más allá de la Guerra: La Arquitectura Oculta del Poder en el Golfo Pérsico:
"Si los ingresos energéticos se redirigen ya sea hacia sistemas de liquidación no basados en el dólar o hacia estructuras regionales de inversión, entonces el circuito se rompe. El capital deja de regresar, la multiplicación se detiene. El sistema comienza a contraerse." — 291 | Más allá de la Guerra: La Arquitectura Oculta del Poder en el Golfo Pérsico
¿Qué nos dice esto? Que el verdadero "medio de producción" del sistema no es el petróleo, sino la deuda. Y la City de Londres, junto con el Banco de Pagos Internacionales (BIS) y el FMI, no controlan el petróleo; controlan el mecanismo que convierte el petróleo —y cualquier otro commodity— en deuda.
2. La deuda como medio de producción: una relectura marxista
Ahora, desde una óptica marxista clásica, los medios de producción son las fábricas, la tierra, la maquinaria. Pero en el capitalismo financiero, el medio de producción por excelencia es la deuda. ¿Por qué? Porque la deuda no es un instrumento pasivo; es un mecanismo activo de extracción de plusvalía.
Marx ya lo anticipaba en El Capital: el capitalismo no puede expandirse sin crédito. Pero lo que Marx no vio —porque escribía en el siglo XIX— es que el crédito podía convertirse en un sistema autónomo, desvinculado de la producción real. Hoy, el 97% de las transacciones financieras globales no tienen relación con la economía productiva. Son apuestas sobre apuestas, deuda sobre deuda.
Y aquí está la clave: la City de Londres no es un actor externo al capitalismo; es su forma más pura. Es el lugar donde el capital financiero se desvincula por completo del capital productivo y se convierte en un parásito que extrae riqueza sin producir nada. Como decía David Harvey, el capitalismo financiero es "acumulación por desposesión": no crea valor, lo extrae.
Pero hay un problema: Marx pensaba que el capitalismo colapsaría por sus contradicciones internas (la caída tendencial de la tasa de ganancia). Sin embargo, el sistema ha encontrado una forma de posponer ese colapso: la deuda perpetua. Cada vez que la tasa de ganancia cae, los bancos centrales inyectan liquidez, creando más deuda. Y esa deuda no se paga; se refinancia eternamente.
3. El Banco de Pagos Internacionales (BIS) y la gobernanza supranacional: ¿quién controla los medios de producción?
Aquí aparece la segunda paradoja. Marx hablaba de una lucha de clases entre burguesía y proletariado, pero en el capitalismo financiero, la lucha no es entre clases, sino entre sistemas de gobernanza.
El BIS —ese "banco central de los bancos centrales"— no es una institución técnica. Es el cerebro del sistema de deuda global. Su función no es regular, sino asegurar que la deuda nunca se pague, porque si se pagara, el sistema colapsaría. Como explicaba en la conversación con Helga Zepp-LaRouche:
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from The Economist
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Actualmente, el debate académico se divide entre dos interpretaciones, pero la evidencia empírica de los mercados apunta a que **estamos inmersos en la fase de Frenesí (una burbuja especulativa) correspondiente a la Instalación del Sexto Paradigma Tecno-Económico** [1-3].
Mientras algunos teóricos (como Carlota Pérez) sostienen que vivimos un estancamiento secular que representa la madurez prolongada y el agotamiento del quinto paradigma (las TIC) [1, 4], la hiper-inversión corporativa actual en modelos masivos de Inteligencia Artificial, computación cuántica y la construcción de infraestructura redundante (como centros de datos por valor de cientos de miles de millones de dólares) **replica con precisión milimétrica los síntomas de una burbuja de instalación** [2, 3]. En esta etapa, el capital financiero opera ciego al riesgo, construyendo la infraestructura de los próximos 50 años, pero completamente desvinculado de la realidad productiva y de los retornos económicos inmediatos [2, 5, 6].
Respecto a si el declive de esta burbuja abrirá el nuevo paradigma: **Sí, el colapso de la burbuja es un requisito estructural y no un error del sistema** [7, 8]. Este momento de quiebre, conocido históricamente como el *Turning Point* o punto de inflexión (el cual se proyecta hacia 2026-2030), actúa como el mecanismo violento que permite transitar de la especulación a la fase de despliegue real de la tecnología [9, 10].
Esta dinámica de transición se ejecuta a través de los siguientes fenómenos:
* **La "Paradoja Griega" y el reseteo de la deuda:** Para que los niveles de avance tecnológico sigan subiendo, el sistema financiero necesita destruir todo lo que se construyó antes para "despejar el espacio" [11, 12]. Sin embargo, esta destrucción no ocurre únicamente por buscar eficiencia tecnológica, sino para **resetear las relaciones de deuda**, provocando quiebras masivas y devaluación de activos para crear nuevos deudores que financien la infraestructura del próximo ciclo [13].
* **El subsidio a través de la ruina financiera:** La riqueza tecnológica de la sociedad avanza precisamente sobre los cadáveres financieros de los inversores pioneros de la burbuja [14]. El exceso irracional de la fase de instalación deja tras de sí una infraestructura física sobredimensionada (como ocurrió con el exceso de vías de tren en 1847 o el tendido de fibra óptica en el año 2000) [5, 15, 16]. Esta enorme capacidad instalada ociosa **subsidia directamente la futura rentabilidad de la fase de despliegue**, permitiendo que las nuevas empresas tecnológicas operen con un costo marginal cercano a cero [14].
* **La purga y la consolidación oligopólica:** El declive irracional fuerza una purga donde los pioneros tecnológicos suelen quebrar por asfixia de liquidez [10, 17]. El nuevo paradigma no será liderado por los innovadores que construyeron la tecnología base, sino por los **consolidadores** (Big Tech maduras, fondos de Private Equity y fondos soberanos). Estos actores, al tener reservas masivas de caja, sobreviven al pánico y compran los activos físicos y las patentes de las empresas en quiebra a precios de liquidación [18-20].
En síntesis, **la irracionalidad de la burbuja especulativa es una necesidad histórica ineludible** para hundir los inmensos recursos que requiere la creación de una nueva infraestructura global antes de que exista demanda real [7]. Su posterior estallido no destruye la tecnología, sino que purga el exceso financiero, reconfigura el poder corporativo y permite que el nuevo paradigma se integre de forma orgánica en la economía, desatando una verdadera edad dorada de crecimiento productivo [8, 9, 21].
This is the natural progression of prediction markets, someday somebody will kill someone to cash in.
Prediction Markets are gambling markets and need to be regulated as that https://t.co/fjkX02Ap3O
The central thesis of Zuckerberg's latest Wall Street Journal article collapses under philosophical scrutiny.
Zuckerberg has been warning that small groups controlling superintelligence could become dangerously powerful, eventually dominating economics, science and politics. His proposed solution is to provide everyone with "personal superintelligence."
Yet it doesn't take much reading to see why this argument falls apart.
At one point, he writes: "Humanity isn’t a monoculture. There is no technological solution that can align with everyone’s opposing interests and diverse values at once."
This reflects the liberal conception of a free society, the assumption that individuals hold incompatible conceptions of the good. But this immediately raises a deeper philosophical question. If no common moral alignment is possible, how can we prevent superintelligence from being captured by particular and competing conceptions of the good?
Zuckerberg's answer is the widespread distribution of superintelligence. But this strikes me as a remarkably superficial solution.
A citizen equipped with AI is not an institutional power, they are merely a user. They have no authority to constrain or veto the corporations that own the underlying infrastructure.
Moreover, Zuckerberg argues that a single superintelligence cannot be benevolent toward everyone because it would inevitably have to privilege certain values. But distributing millions of AIs, each aligned with its individual user, does not solve the problem... it intensifies it. Personal AIs inevitably come into conflict with one another.
Distribution does not resolve value pluralism, it simply arms every competing faction with vastly greater cognitive capabilities.
Ultimately, Zuckerberg will have to explain (though I doubt he can do so convincingly) how, in the absence of institutions capable of mediating conflict (the rule of law, regulation...), this does not devolve into disaster, a profoundly asymmetrical war of all against all, in which those who already control the greatest resources and the underlying infrastructure emerge as the winners.
When the mission demands surge capacity, Voyager delivers — American-made, full stack: propulsion at scale, ISR that converts data into decision advantage, the only U.S.-manufactured black powder, and facilities built to compress concept-to-capability timelines.
Learn more at https://t.co/rtoOzD9ZTI
$VOYG #AcceleratingtheAdvantage #MissionReady
Capitalism and communism are the same thing. They are both variants of 19C English liberal economics. No surprise that Elon keeps overflowing his buffer and wrapping back around.
As Carlyle explained, the rise of technology only accentuates the errors of liberalism
Yarvin revives Oswald Spengler's thesis that liberal capitalism and Marxism are rival expressions of the same English liberal tradition.
For Spengler, Marx merely subverted the logic of capitalism. Hence his description of Marxism as "the capitalism of the working class."
Both reduce history to economic forces, share the same materialist assumptions, and ultimately derive from a common Anglo-Saxon intellectual tradition.
Peter Thiel explains why Palantir is named after The Lord of the Rings.
Many of Silicon Valley's biggest projects are built on Tolkien's mythology.
Surreal.