El español, esa maravillosa lengua en que una persona puede ser tía, madre e hija a la vez («Tía, mamá, pero ¿qué haces, hija?); en que unimos «ahora» con «después» («Ahora después lo hacemos»), y en que combinamos sin problema tres formas del mismo verbo («Me voy a ir yendo»).
Cuando tú le dices a alguien "bonico" o "bonica" murcianamente, no le estás diciendo guapo o guapa de belleza, que igual, también. Le estás diciendo algo más profundo, como tener el alma guapa.