Todo es decepción. El equipo. La actitud de muchos. Los cambios. El césped. Romper el mediocampo para poner 50 delanteros en cualquier lado. Que se agranden todos en tu cancha. Que no haya un armador ni una idea clara de juego. Que te lleguen y te hagan goles. River sigue pelotudeando en los laureles hasta uno vaya a saber cuando.
Ser campeón del mundo te da gloria, no fueros. Quien cree que por un logro con la Selección Argentina va a ser aplaudido cada vez que juega de visitante, lamento decirle que le falta cancha: ningún hincha de verdad pone a la Argentina por encima de su club.
A Ángel Di María no lo insultan por jugar en Central ni por ser del interior. Es más: lo aplaudieron en muchos estadios, hasta que las “ayudas” empezaron a ser cada vez más evidentes.
Hoy lo insultan porque, en un fútbol cada vez más manchado, eligió jugar ese juego, aceptar los regalos del poder y ser la cara visible de un título de escritorio, posando con un trofeo inventado, arriba de una traffic un jueves al mediodía.
No es federalismo. No es ingratitud. Son los hechos. Y el fútbol argentino tiene memoria corta, pero mientras dura, no perdona.
Ayer, el Monumental completo recibió al equipo con este cantito que me parece genial, ya lo había hecho después de perder la Supercopa con Talleres y en los penales con Libertad; 50 veces mejor que el "River mi buen amigo"
Vía @CasitalbRiver
El Club Estudiantes de La Plata comunica a sus socios, socias, hinchas y a la comunidad que, en la reunión del Comité Ejecutivo de la Liga Profesional del Fútbol Argentino, no se realizó ninguna votación respecto del reconocimiento del título de Campeón de Liga 2025.