💛🌍 UNA HISTORIA QUE EMOCIONA.
Los Ghetto Kids llegaron a Estados Unidos por una invitación personal de Shakira. Pero la artista colombiana les ha brindado mucho más que un escenario.
Durante estos días los ha acompañado, cuidado y hecho sentir como en casa. Incluso integró a Milan y Sasha para que convivieran y jugaran con los pequeños bailarines de Uganda, creando un vínculo que ha conmovido a todos.
Uno de los momentos más especiales se vivió en Times Square, donde los niños improvisaron un baile callejero mientras Shakira los observaba con una enorme sonrisa y evidente orgullo.
Después de compartir escenario en Nueva Jersey, ahora llega el momento con el que siempre soñaron: este domingo, los Ghetto Kids se presentarán junto a Shakira en el show de medio tiempo de la Final de la Copa del Mundo, frente a millones de personas en el MetLife Stadium.
Del corazón de Uganda al escenario más grande del planeta 🥹🌍
El que reza es consciente de sus propios límites, no mata ni amenaza con la muerte. En cambio, está sometido a la muerte quien ha dado la espalda al Dios vivo, para hacer de sí mismo y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo (Sal 115,4-8), al cual sacrificar todo valor y pretender que el mundo entero se doblegue ante él. ¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida. #Paz
No sé quién eres pero esto lo más acertado que he leído sobre lo que pasa en la interna de Universitario. Es más, agregaría que los que responden son los recién llegados, Fara, Alzugaray y también Carabalí que no es parte del grupo al que llamas “de referentes”.
Mi impresión es que Rabanal se ha topado con un trabajo mucho más político que futbolístico, y no se siente cómodo ni respaldado. Recibió un plantel resistente al cambio, que además no fue renovado ni reforzado, lo cual lo ata a un esquema que no le convence. Los referentes del vestuario y los jugadores que el club quiere exportar pesan demasiado en sus decisiones dentro y fuera del campo. Más que entrenar, está obligado a jugar ajedrez.
En ese contexto, cuando Riveros falla el primer pase, Polo centra con la cabeza abajo, a Pérez Guedes se le enredan las piernas o a Valera le rebota la pelota en la canilla, el entrenador tiene que mirar a otro lado. Sabe que es difícil plasmar su idea con jugadores que arrastran esas limitaciones, pero si decide sacarlos aparecen las malas caras, las declaraciones con doble sentido o las filtraciones de información. Y a eso se suman los minutos que debe darle, por respeto o temor, a otros jugadores que ya no están para el fútbol de alto nivel.
Ante ese escenario, Rabanal ha optado por mantener el equipo que heredó, que ganaba más por espíritu que por fútbol y que maquillaba sus problemas con el marcador; pero su perfil de DT formador y estudioso no es el adecuado para sostener una dinámica basada en la motivación y comodidad del vestuario.
En su búsqueda de aprobación, ha ido cediendo terreno: dejó de intentar cambios estructurales, mantuvo titulares que llevan tiempo sin dar la talla y, con ello, ha perdido credibilidad. El efecto ha sido el contrario al que buscaba.
Hoy solo transmite debilidad y, mientras la lógica de que “lo que funciona no se toca” siga instalada en el club y en la hinchada, parece más cerca de irse sin pena ni gloria que de dar un volantazo y morir con su idea.