El partido con Egipto pudo ser el último. Ningún otro estuvo tan cerca, en ningún otro se sintió que quizá estábamos ante el final de un tiempo, una época, eso que ya empezamos a mirar con nostalgia.
Pero Messi, al que le habían sacado un penal, se dispuso a estirar la historia. Ese día, en Atlanta, ciudad que quedará para siempre en la memoria del fútbol argentino, hubo una resurrección. Ese día, Messi y la selección no ganaron apenas un partido sino volvieron de la eliminación.
En esta película, un seguimiento a Messi, se ve a ese equipo que siempre creyó, que nunca bajó los brazos, un equipo que nunca renuncia. Messi salió ese día, además, como máximo asistidor de la historia de los Mundiales.
Y aunque no lo sabíamos, y ahora sí, hizo su último gol con la Argentina. Ya sabemos todo lo que vendría después, pero quizá ahora entendemos mejor sus lágrimas y el abrazo de sus amigos.
📽️ YouTube/NJcomps
Una cámara siguió a Lionel Messi durante el partido contra Inglaterra. Su genialidad, su esfuerzo, sus gestos, sus frustraciones momentáneas, su desahogo en el empate y su felicidad en el triunfo. También sus sonidos, incluso el disparo de las cámaras. Todo está ahí.
Es Messi jugando con una intensidad absoluta a los 39 años. Encarando a jugadores mucho más jóvenes y ganándoles, engañándolos, escondiéndoles la pelota. Es el fútbol que nos emocionó en este Mundial. El de un hombre que jugó así mientras la vida de su padre se apagaba.
Y entonces esa entrega adquiere otra dimensión. Es Messi ofreciendo el cuerpo a los otros, a esa excitación que se escucha cuando arranca con la pelota y el sonido del estadio se eleva. Por eso la gratitud eterna, aunque tantos, en tantos lugares, no lo entiendan. O no les interese entenderlo.
Fuente del video: YouTube/AntonioProds
Cuando se haga el documental de este partido la crónica dirá que una ministra de entonces se lamentó porque no podían taparle la boca a los hinchas que alentaban a la selección con cantos de Malvinas. Que falta de dimensión histórica.