La vuelta al cole debería ser eso:
Un lugar donde nadie se sienta solo en el recreo.
Donde el miedo se cambie por amistad.
Donde aprendamos que lo más bonito no está en los libros, sino en cómo tratamos a los demás.
Porque al final, cuando cierras la mochila al final del día, lo que más pesa no son los cuadernos… sino la forma en que hiciste sentir a los otros.