Me levanto un lunes, me preparo un té y leo noticias sobre manifestaciones por la vivienda. Me parece perfecto, porque es un problema real y grave desde hace años.
En Canarias se sufre con más intensidad: sueldos bajos, escasez crónica de vivienda y precios que se han vuelto imposibles. Llegan inversores de fuera, compran, alquilan y generan riqueza… y tienen todo el derecho a hacerlo. Pero la pregunta incómoda surge sola: ¿y los canarios qué?
No se soluciona enfrentando a unos contra otros, ni señalando al que ha trabajado, ahorrado y comprado una vivienda. Eso solo genera división.
La solución de verdad pasa por construir más vivienda, subir los sueldos de forma sostenible, mejorar la productividad y crear las condiciones para que los canarios puedan también comprar, alquilar e invertir en su propia tierra.
Hace falta un proyecto político serio que defienda realmente a los canarios, sin propaganda barata ni usar la vivienda como eslogan electoral.
Necesitamos gente honesta, trabajadora y comprometida, dispuesta a construir a largo plazo para Canarias y, por extensión, para España.
La vivienda no se arregla con discursos. Se arregla creando oportunidades reales.
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Mira la coreografía: Sánchez en la Asamblea Mundial de la Salud, flanqueado por Tedros Adhanom, recitando el catecismo de la OMS con solemnidad casi religiosa. Y no es casualidad: hoy mismo Tedros le agradecía públicamente su “excelente liderazgo” en el caso del hantavirus del Hondius.
Curioso, ¿verdad? Hace nada nos vendían aquello como “todo bajo control”, ridiculizando a quienes pedían prudencia, protocolos claros y transparencia. Ahora, el mismo episodio sirve para justificar discursos de alarma global sobre futuras pandemias y para dar lecciones morales desde un atril internacional.
¿Prioridades nacionales? Para Sánchez y compañía, eso parece ser un concepto peligroso cuando lo mencionan ciertos partidos. Pero cuando toca alinearse con el discurso de la OMS —incluidas las advertencias apocalípticas de que “el mundo no es más seguro”—, entonces la soberanía desaparece y todo se convierte en obediencia institucional disfrazada de solidaridad.
La puesta en escena es perfecta: traje oscuro, corbata roja, micrófonos, aplausos y cero autocrítica. Pero después del COVID y de años de mensajes contradictorios, la gente ya no compra sermones vacíos. Quiere datos, coherencia y transparencia. No propaganda emocional ni alineamientos automáticos con organismos internacionales.
Y cuanto más intentan desacreditar cualquier duda como “egoísmo” o “negacionismo”, más evidente resulta la desconexión entre el relato oficial y lo que percibe la ciudadanía.
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📺TV en DIRECTO | Pedro Sánchez: "Frente a quienes hoy invocan prioridades nacionales para excluir, muchos entendimos hace tiempo que la verdadera prioridad de todo país es proteger la salud de sus conciudadanos sin excepciones"
"Donde dije digo, digo Diego”.
Hace nada la gestión del hantavirus era el ejemplo perfecto de “todo bajo control”. Se ridiculizaba a quien pedía más transparencia, protocolos claros o simplemente no tragarse el relato de que todo estaba perfectamente gestionado. Ahora, de repente, la OMS nos informa de que la humanidad está “al borde de sufrir una pandemia aún más dañina” y que “el mundo no es más seguro”.
¿En qué quedamos entonces? ¿La amenaza era ridícula hace dos semanas o lo es ahora el pánico selectivo? Porque las dos cosas a la vez no cuadran, por mucho que se intente disfrazar de “evolución de la evidencia”.
Lo preocupante no es solo la contradicción. Es el patrón. Se minimiza cuando interesa (economía, turismo, imagen de control institucional) y se maximiza cuando conviene (pedir más presupuesto, más poder, más clics, más protagonismo). A las voces críticas se las despacha rápido con etiquetas.
Luego se sueltan titulares apocalípticos sin rubor.
La gente no pide propaganda tranquilizadora ni alarmismo de manual. Pide algo bastante más básico: que las instituciones y los medios usen el mismo termómetro para medir el riesgo, independientemente de si ese día les interesa vender calma o vender miedo. Mientras eso no ocurra, la confianza no es “cuestión de madurez ciudadana”. Es, simplemente, imposible de sostener sin hacer el ridículo.
Rigor, responsabilidad y verdad. O al menos un poco de coherencia narrativa. No parece demasiado pedir.
🕊️ Dejad el deporte y la cultura en paz.
Eurovisión no debería convertirse en un campo de batalla ideológica. Es un festival de música donde artistas de todos los países sueñan con vivir una oportunidad única y compartir su arte con millones de personas.
Quienes ven este escenario como el salto de su vida no merecen que les arruinen el momento con agendas políticas, boicots o guerras de Twitter.
El deporte y la cultura deben seguir siendo espacios donde importe el talento, la creatividad y la pasión, no el odio ni la división.
Disfrutemos del festival, de la música y del arte. 🎤✨
#DejadElDeporteYLaCulturaEnPaz #Eurovision2026 #Eurovision #MúsicaSinPolítica #Horizonte #EnBocaDeTodos #TEM #TodoEsMentira
La pataleta de un niño que se enfada y se lleva el balón para que nadie juegue.
España no está en “el lado correcto de la historia”; simplemente se borra. Y lo peor es que arrastra a todos los españoles en una decisión ideológica y personalista.
Entérese, Pedro Sánchez: hace tiempo que dejó de representarnos. Lo suyo no es liderazgo, es propaganda disfrazada de superioridad moral.
Perdone, señora ministra.
La crítica no nace del rechazo a ayudar a nadie, sino de su falta de claridad, profesionalidad, empatía y solidaridad real: tanto con los 14 pasajeros del buque como con los canarios, que merecían información transparente y protocolos claros desde el primer momento.
Vimos improvisación, ruedas de prensa vacías y una gestión más preocupada por “sacar pecho” que por transmitir confianza y serenidad. Mientras, se ridiculizaba a quienes pedíamos explicaciones coherentes y responsabilidad.
Cuanto más reducen cualquier crítica a “falta de humanidad”, más se evidencia el intento de desviar el debate y tratar de ingenuos a todos los españoles.
#Hantavirus #MónicaGarcía #Canarias #Tenerife #SolidaridadReal #Transparencia #GobiernoSánchez #CruceroHondius #Responsabilidad
Lo preocupante no es pedir prudencia sanitaria ni exigir rigor científico. Lo preocupante es que algunos medios llamen “populismo” a cualquier ciudadano o dirigente que pida información clara, protocolos coherentes y transparencia real.
Y sí: se pueden criticar ciertas declaraciones exageradas o poco acertadas de algunos políticos canarios sin por ello aceptar el relato simplista de un editorial claramente alineado ideológicamente.
Porque una cosa es el alarmismo irresponsable. Y otra muy distinta es exigir:
• protocolos claros,
• comunicación sin contradicciones,
• coordinación transparente,
• y explicaciones técnicas comprensibles para la población.
Eso no es populismo. Eso es responsabilidad democrática después de lo vivido en la pandemia.
Un medio serio debería fiscalizar a todos los poderes por igual, no actuar como portavoz ideológico mientras acusa de “enemigos de la razón” a quienes simplemente hacen preguntas legítimas.
La confianza pública no se construye ridiculizando dudas ni etiquetando de “malintencionado” al que pide transparencia. Se construye con información precisa, coherente y verificable.
@sanchezcastejon Grandes eslóganes, palabras vacías…
Tienes un talento especial para que los ratoncitos sigan la música de tu flauta mientras el país sigue lleno de problemas reales sin resolver.
@elmundoes Pregunta que muchos nos hacemos.
Por eso el Hondius ha sido una chapuza: improvisada, opaca y sin coherencia entre la realidad y lo que venden.
@oscar_puente_ Muerdete la lengua si quieres, Óscar.
Muchos estamos hartos de que os burléis de la preocupación real de la gente mientras exigís confianza ciega en una gestión llena de contradicciones.
Pedir transparencia y protocolos claros no es delito. Es sentido común.
¿“Actualización”? Parece más la lista de embarque de un aeropuerto que un comunicado sanitario serio.
La gente pidió protocolos claros, criterios técnicos y transparencia. Y reciben banderitas, checkmarks y marketing institucional.
Menos postureo político y más información útil.
@Rita_Maestre ¿Gestión ejemplar?
Si estaba todo controlado, expliquen claramente los protocolos y dejen de dramatizar. Y si realmente hacía falta máxima precaución, entonces la foto propagandística sobraba.
Da la sensación de que interesaba más la imagen política que la transparencia.
@Imena3 No estoy de acuerdo con todo lo de Clavijo. Pero las contradicciones, opacidad e improvisación en plena crisis sanitaria generaron desconfianza lógica.
La vergüenza no es exigir rigor y transparencia.
La vergüenza es conformarse con menos.