El primero de los nuevos retos educativos es la educación a la vida interior. No basta con tener un gran conocimiento científico, si luego no sabemos quiénes somos y cuál es el sentido de la vida. Podemos saber mucho del mundo e ignorar nuestro corazón. Educar a la vida interior significa escuchar nuestra inquietud, no huir de ella ni atiborrarla con lo que no sacia.