No por primera vez, más bien por centésima vez, MCM parece ser la única que piensa con sentido estratégico, sin perder de vista el objetivo final, ajustando sus movimientos tácticos a lo que dicta la hora presente, compuesta de circunstancias y variables que ella no controla, pero que sabe leer. Démosle un poco más de crédito a la mujer que logró la hazaña de derrotar en las urnas a una dictadura criminal que lo controlaba todo al dedillo y utilizar diversos instrumentos bajo poder de ese nefando régimen para poder probar la improbable victoria electoral de las fuerzas democráticas. Démosle un poco más de crédito a una mujer que hace muchos años, mientras tantos opositores hacían gala de su falta de principios y coherencia moral, supo trabajar pacientemente, como una hormiga, pasito a paso, para pasar de la casi insignificancia al centro del tablero político venezolano y convertirse en la única figura con verdadera legitimidad popular en su país. ¿Existe garantía absoluta de que lo que está haciendo le permita lograr el objetivo final? No, en la Historia haciéndose no hay, como no la hubo en la Historia hecha, garantía de nada. Pero lo que sí está absolutamente garantizado es que si hace lo contrario de lo que está haciendo, ella, y con ella las fuerzas democráticas, serán derrotadas por estas complejas circunstancias y estos ingratos actores globales con que le toca lidiar. ¿Eso supone sufrir humillaciones, tragarse el orgullo, hacer o decir cosas que desconcertarán a otros menos esclarecidos que ella? Sí, claro que sí. Démosle un poco más de crédito a la mujer que ha demostrado ser más inteligente y tener un mejor sentido de los tiempos que otros y otras, y saber mover las fichas que tenía que mover en el momento oportuno para ir acercando a su pueblo al destino que los amantes de la libertad queremos para él. Una vez más, por centésima vez, ella se eleva varios pies por encima de los demás en lo que respecta a Venezuela. Sin garantía de éxito, pero con el bien ganado derecho a que le demos todo el beneficio de la duda porque, en su desdichado país, nadie ha demostrado estar mejor capacitado para hacer posibles cosas que parecen imposibles.
Nunca dejemos de repetir y recordar la grandísima mierda que es el chavismo, nunca dejemos de exigirles y presionar para que se vayan, nunca normalicemos a esos malditos. Que se vayan, Venezuela es más que eso.
Los hombres pueden quedarse despiertos hasta las 2 de la madrugada, levantarse a las 6, estar endeudados, sin dinero, solos, y aún así tener fe en que algún día todo saldrá bien. A eso se le llama ser un hombre.