Yo los entiendo, imaginate vivir años con el empleo seguro, vacaciones anuales, una estabilidad totalmente irreal, a costas de un sector privado que día tras día se hacía cada vez más diminuto.
Bueno, se acabó la joda. Están desesperados porque saben que literalmente se pueden quedar sin nada. Que la fantasía se terminó.
Entonces abrazan edificios públicos innecesarios, y gritan, y lloran, y salen a piquetear, pierden la razón.
Fue mucho tiempo de vida fácil. Y ahora se enfrentan a lo que los que estamos del otro lado de la vereda conocemos muy bien: dar un buen servicio, ganarse al cliente, estar pensando horas y horas, alternativas para crecer y progresar. Laburar en serio.
Van a resistir con toda la virulencia posible, porque el huésped no va a estar más, y sin huésped el parásito se marchita.
El bodegón Sanguchero de Echesortu. Bueno, rico y barato. Sanguche de salame, queso tybo, pepinillos y manteca. 1000$. Vermu rosso con soda, 250$. Ricchieri y 3 de febrero. Veredita, barrio, buena comida.