Estimado Adam Silver:
Debí escribirle hace tiempo, pero me faltó valor. No quise pecar de impulsivo y hoy me arrepiento, porque veo, apenado, como este tema creció a límites insospechados.
Producto de mi falta de coraje, de mi letargo en continuado, dejé que se arruine el deporte que más amo en el mundo: el básquetbol.