Mi análisis en frío es que en el Mundial 2026 vimos otra versión de La Scaloneta. Un equipo que llegó a la final por jerarquía, por el poder de la unión del grupo, por destellos, por Messi. Nunca brillamos como en Qatar.
Dicho esto, uff… Egipto, INGLATERRA. El corazón de este seleccionado nos regaló momentos inolvidables que uno no puede ignorar ni pasar por alto. Argentina es fútbol y espíritu. En cuanto al juego pusimos una vara ilógica, porque Qatar no fue lógico. El espíritu estuvo ahí siempre. Y quizás por eso también duele tanto.
Hubo errores; creo que se gestionaron mal las cargas, sobre todo en el mediocampo. Se plantearon mal algunos partidos -Suiza, por ejemplo-. Todo eso repercutió en la final: se hizo lo que se pudo con el tanque vacío. Por eso no hay que apuntar a ninguna individualidad. El equipo llegó mal.
No seamos injustos: Argentina fue campeona de todo en los últimos 5 años porque era la mejor. Algún día iba a dejar de serlo: España es un equipazo y ganó muy bien. No seamos autodestructivos: no somos una mierda. Simplemente ya no somos los mejores y no pasa nada.
Se vienen tiempos difíciles, de renovación y cambios: ojalá los afrontemos con Lionel Scaloni en el cargo.
La gratitud para este grupo es eterna: no existe nada peor que ser desagradecido.
¿O me vas a decir que no te sentiste representado en estos 5 años?
Lionel Messi se acaba de convertir en el máximo goleador de la HISTORIA de los Mundiales.
No somos conscientes de lo que significa ese dato.
Escandalosamente el mejor futbolista de todos los tiempos con amplio margen.
Es 1984. Sos un jugador inglés del Liverpool. Entrás al Estadio Nacional de Tokio y ves que el 10 del equipo rival luce así, como el sereno mal dormido de un garage del downtown. No tenés ni idea del baile que te espera.
Se llama capital social, ya lo dijo Bourdieu. Por eso es fundamental que haya mezcla de clases sociales. Ricos y pobres tienen que ir a los mismos colegios, tomarse el mismo transporte público y frecuentar los mismos espacios sociales. Sino la sociedad se fragmenta y perdemos todos porque la innovación y el progreso vienen precisamente de esa mezcla.
Una embajada es, en términos diplomáticos, un “huésped” en el país donde se encuentra: opera por cortesía y autorización del Estado anfitrión, y su función es la de tender puentes.
No corresponde, entonces, que aleccione a la población local con tuits policiales e intimidatorios.
¿Qué debería inferir de esta publicación?
- que los argentinos tenemos tendencia a robar;
- que la embajada debe advertirnos severamente;
- que EE.UU. —un país que se presupone aliado de esta gestión— está en posición de “retarnos”.
Esto ya traspasa lo indelicado o inamistoso y pasa a ser ofensivo. En lo personal, como argentino, este mensaje con tono admonitorio y estética carcelaria no me interpela: me injuria. El respeto debería ser la materia prima de la diplomacia, y esta desagradable pieza de comunicación va en la dirección opuesta.
Historia pura.
Una de las imágenes más fuertes en la historia del fútbol argentino
La historia va a reconocer a quienes defendieron al fútbol de la peor corrupción en la historia