Nos venden la idea de que los jueces son los culpables de liberar a criminales, cuando la verdad es que las fiscalías son incapaces de armar casos sólidos. Expedientes con pruebas insuficientes, testimonios fabricados, detenciones ilegales y violaciones al debido proceso terminan en absoluciones o libertades porque la justicia no se trata de llenar cárceles, sino de probar culpabilidades.
Pero claro, es más fácil culpar a los jueces que admitir la incompetencia del sistema de procuración de justicia. ¿Por qué los expedientes llegan tan mal integrados? Porque la justicia penal en México es un circo mediático: se detiene con espectáculo, se acusa con titulares, pero cuando toca probar en juicio, todo es un desastre. La consecuencia: liberaciones que indignan, pero que son el reflejo de un sistema podrido desde la raíz.
El problema no es que los jueces liberen, es que las fiscalías no saben acusar. El verdadero enemigo de la justicia no es el Poder Judicial, sino un sistema de procuración ineficaz, politizado y lleno de improvisados. Si realmente queremos justicia, exijamos fiscales preparados, investigaciones reales y pruebas contundentes, no juicios basados en supuestos y presión mediática.
Es posible que senadoras y senadores de la mayoría crean que votando a favor de la reforma judicial los van a premiar. Cometen un error: no darse cuenta de que cuando el Estado de derecho naufraga nadie se salva, ni siquiera quienes lo hundieron.
¿Ven como sí están bien pendejos? No saben ni quién emite las cédulas profesionales, pero quieren votar por jueces y magistrados #ReformaAlPoderJudicial