Qué diferente sería el mundo si aprendiéramos a relacionarnos con la naturaleza desde la gratitud, el respeto y la reciprocidad, y no solo desde el consumo. Si fuéramos capaces de admirar un atardecer sin prisa, agradecer la lluvia, cuidar los árboles, escuchar el viento y
Les recomiendo que compartan la vida con alguien empalagoso y cariñoso, la vida es corta para estar con alguien que actúa como si dar amor fuera una obligación