Este cachorro callejero tiene una rutina diaria. Entra, sonríe cuando le dan una golosina, le acarician la panza y se va. La mejor parte de su día y del del vendedor.
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si fuera una mujer interesada ya tendría la vida resuelta desde hace tiempo, pero no puedo dar abrazos si no tengo ganas, ni decir un “te quiero” si no lo siento.