Un niño dejó a su perro en un albergue porque su padre le pegaba, y le dejó sus ahorros y una carta explicando las razones del “abandono”.
Hoy el chico le sigue escribiendo cartas y le deja dinero a los cuidadores cuando es necesario llevarlo al veterinario.
Que importante tener la madurez suficiente para entender lo que al otro le puede doler y no hacerlo. Ser responsables afectivamente también requiere madurez.