no mentían cuando decían que un día te despertás y ya no te importa nada. Sin previo aviso, sin un cambio drástico, solo un desapego silencioso, casi pacífico.
Normalicemos decirle a la gente:“parece que no tienes la capacidad de amarme de la manera que quiero y merezco, así que no continuemos con esto”, y dejémoslo así.