DISCLOSURE DAY tiene los diálogos y las caracterizaciones más estrambóticas que verás en una película de SPIELBERG. Su tono es tan extraño que no sabes si quiere que te sientas emocionado o divertido, y es tan extravagante intelectualmente que toda sutileza se pierde en favor de monólogos filosóficamente explícitos.
Y sin embargo, el producto final se siente deliberadamente incompleto, y lo digo como un cumplido: esto no es ciencia ficción que te pide resolver un acertijo, es un ejercicio de compasión avanzada. Un misterio sobre si es fácil navegar el silencio de otro, percibir la verdad y reemplazar la necesidad de agreder con curiosidad.
Si tuvieras los poderes que le fueron otorgados al personaje de Emily Blunt, ¿traicionarías la confianza e ingenuidad de los huéspedes que llegan a tu país? ¿Le negarías a alguien su valor inherente y lo convertirías en un objeto que puede ser fácilmente ocultado y desaparecido? ¿Serías capaz de dejar de mirar a alguien como un extraño y, en cambio, relacionarte con él como una fuente de asombro?