Insisto, quienes sostienen que el poder reformador de la Constitución es ilimitado, incontrolable e incontestable, basando su argumento únicamente en la fuerza de las mayorías, ignoran o eligen ignorar que uno de los pilares fundamentales de las democracias constitucionales es la supremacía de los derechos fundamentales y las garantías que los protegen.
Las mayorías no pueden vulnerar estos derechos, porque la esencia de una democracia constitucional radica precisamente en limitar el poder, incluso el mayoritario, para evitar abusos que atenten contra la dignidad humana y el estado de derecho.
Ha quedado claro: esta reforma nada tiene que ver con crear una justicia más cercana a la gente. De lo que se trata es de convertirla en un instrumento al servicio del poder político, para someter a cualquiera que ose oponérsele.
Una historia vergonzosa de extorsión y nepotismo
#REFORMAJUDICIAL
Hoy es un día negro. Décadas de paulatinos avances democráticos, de creación de instituciones y contrapesos quedan sepultadas en un sexenio que nos hace retroceder hacia el México caudillista y autoritario.