Nuestra generación está tan convencida de que siempre habrá algo mejor, que terminó olvidando cómo cuidar lo que ya tiene. Se nos olvida que los vínculos no se encuentran, se construyen y se cuidan.
La civilización se asienta sobre el control de los impulsos. Controlar la lujuria, la gula, el consumo, la violencia. Equilibrio en la victoria y en la derrota. Estas cosas son las que hacen que un pueblo sea rico.
Ayer los argentinos fueron testigos de la eudaimonía española.