Los fachas ha hecho que se suspenda una de las mejores cuentas que existen en redes, la de Marc @nosoloviernes2 . Si compartes esto, van a rabiar mucho.
Gente como Marc es imprescindible.
Nació en Aguirre, creció en Ayuso
Cuando Esperanza Aguirre llegó en 2003 prometió siete hospitales nuevos y listas de espera más cortas. Entonces toda la sanidad madrileña era pública. No había modelos híbridos, no había fondos, no había “gestión empresarial”. Había hospitales que pertenecían a la ciudadanía.
Pero aquel año Aguirre dejó caer una frase que explicaba su plan real: “Haré que la sanidad pública sea tan buena o mejor que la privada”. La clave no era mejorar lo público. Era imitar lo privado para abrir un mercado.
El primer paso fue directo: un Plan de Infraestructuras de 2.280 millones que introdujo por primera vez en la historia democrática madrileña a constructoras gestionando hospitales públicos. Ellas adelantaban el dinero. La Comunidad les pagaba un canon durante 30 años. Y gestionaban todo lo que no fuera actividad médica.
El resultado: hospitales con servicios enteros externalizados, beneficios garantizados para empresas y sobrecostes que terminaron siendo asumidos por la ciudadanía. En 2010, Aguirre autorizó pagar más de cuatro millones extra y subir el canon un 2,4% anual hasta 2035.
Luego llegó el salto decisivo: el hospital de Valdemoro, el primero gestionado íntegramente por una empresa privada. La sanidad pública pagaría 330 euros por habitante del área. Y el personal sanitario pasaba a depender de una empresa, no de lo público.
Era el principio de la conversión: de derecho universal a mercado segmentado.
AYUSO: LA HEREDERA QUE DEJA TODO A LA INTEMPERIE
Tras las elecciones de 2007, Aguirre multiplicó el experimento: Carabanchel, Villalba, Torrejón, Móstoles. Cuatro hospitales completamente privados pagados con dinero público. El referente era el famoso “Modelo Alzira”, que ya había sido rescatado por sobrecostes y era más caro por paciente que la sanidad pública.
A pesar de la evidencia, Aguirre lo defendía. Y mientras tanto creó un sistema perverso: la libre elección. En teoría, libertad. En la práctica, una competición comercial entre hospitales para captar pacientes “rentables”. Quirón multiplicó por seis el número de pacientes derivados desde lo público en una década.
En paralelo llegaron los recortes: menos prestaciones gratuitas, peores condiciones laborales, aumento de listas de espera y el nacimiento de las mareas blancas, que el Gobierno del PP intentó desacreditar.
Cuando Aguirre dimitió en 2012, Ignacio González y Javier Fernández-Lasquetty dieron el último paso: privatizar directamente seis hospitales públicos y 27 centros de salud. Las protestas masivas y los tribunales lo frenaron.
Pero la estructura ya estaba montada. Ayuso solo tenía que ocuparla.
Y lo hizo sin filtros.
Los audios del Hospital de Torrejón, donde un directivo de Ribera Salud explica a su equipo cómo aumentar listas de espera, rechazar pacientes no rentables y priorizar beneficios, no muestran un fallo del sistema.
Muestran el sistema.
Madrid es hoy la comunidad con más de un millón de personas esperando una prueba diagnóstica y la región con mayor penetración de seguros privados. Un territorio donde el acceso a la salud depende cada vez más de la cuenta bancaria.
Lo que empezó como “gestión innovadora” ha terminado en un negocio que vacía lo público y llena balances privados.
Un modelo nacido con Aguirre y crecido sin vergüenza bajo Ayuso.
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